Me desperté en el regazo de Uriel. Al despertarme lentamente, me encontré envuelta en sus fuertes brazos. La calidez y la sensación de protección que me envolvían me resultaron extrañamente reconfortantes, como un escudo contra los peligros del mundo. Fue como si, por un instante fugaz, el caos que nos rodeaba mientras conducíamos por la carretera se hubiera desvanecido, dejándonos solo a nosotros dos en un c*****o de silenciosa intimidad. Por un momento, me permití disfrutar de ese consuelo, sabiendo que solo podía ser temporal, y que en cuanto se presentara la primera oportunidad, necesitaba escapar. Volvería a la seguridad de mi padre. Entre los dos, encontraríamos la manera de lidiar con las consecuencias. Todavía me dolía un poco la cabeza y me sentía un poco mareada, así que mantu

