Antes de que pudiera comprender del todo sus intenciones, su agarre en mi mano se hizo más fuerte, sus dedos se entrelazaron con los míos. Con un solo movimiento fluido, me atrajo hacia sí, y antes de que pudiera protestar o resistirme, mi espalda se apoyó contra la fría superficie de la pared. La proximidad era electrizante, su presencia me envolvía en una niebla embriagadora que me aceleraba el corazón y me cortaba la respiración. El tiempo pareció extenderse, y en ese instante suspendido, sus ojos oscuros se clavaron en los míos, con una tormenta de emociones arremolinándose en sus profundidades. Entonces, con una intensidad silenciosa que no dejaba lugar a dudas, los labios de Uriel descendieron sobre los míos, cautivándome en un beso devastador que me dejó atónito. El mundo que nos

