Despierto muy temprano en la mañana, me levanto suavemente para no despertar a Verónica que duerme tranquilamente a mi lado, me dirijo a la cocina, preparo café y el desayuno, mientras Verónica aparece radiante unos minutos más tarde. Desayunamos tranquilas, le cuento sobre los mensajes de Henry y que debo ir a verlos. Le brillan los ojos cuando pronuncio el nombre de mi hermano, siempre he sentido que le gusta, pero no tiene el valor de aceptarlo. - Deberías aprovechar estos días y te estas con ellos – me insiste. - Pero … – dudo. - Tu trabajo en Rumania acabó y Jacob se puede encargar del resto, George no hará movimientos importantes mientras no estés – me asegura. – ¿Qué vas a hacer aquí en casa? ¿Llorar todo el día por rechazar al hombre que amas? – sus palabras duelen. - Tienes r

