- En 40 minutos estoy en tu casa – escribió George. - ¿Podrías pasar por mí dónde Verónica? - le escribo desanimada, en ese momento no me apetecía estar con nadie más que con la futura mamá de mi sobrino. -¿Qué sucede? – pregunta Verónica al ver mi reacción. - Había quedado de ir a cenar con George – alza una ceja cuestionándome y con algo de sorpresa. - ¿Y te vas a ir así? – me señala la ropa que llevo desde el día anterior. - No alcanzó a ir hasta mi casa – le insinúo con una sonrisa. Descartamos un par de pantalones al ver que ella era más delgada y más alta – Mejor un vestido – sonríe ¿Cómo puede pensar tan claro en este momento? Ciertamente no está tan afectada como yo. Además de que me ayuda a maquillarme para tratar de ocultar el llanto. - Hola George – salgo y lo saludo, a

