—¡Perdón! No quise faltarte al respeto Olga, pero después de meses trabajar juntos algo despertaste en mí, algo que pensé jamás volvería a sentir.
—No tienes porque pedir perdón Federico, yo también lo deseaba. Tenía mucho tiempo que no sentía algo así por nadie.
—Quisiera comenzar algo contigo, pero no sé cuánto tiempo tarde mi divorcio y no quiero que los empleados comiencen con sus habladurías.
—Yo también quiero comenzar algo contigo.
—Eres una gran mujer Olga, no quiero que te dañen los comentarios mal intencionados.
—Descuida, eso no sucederá.
—Buscaremos la manera de estar juntos lo más pronto posible.
Asentí con una enorme sonrisa, en ese momento sentía que flotaba entre las nubes, tenía mucho tiempo de no sentirme así.
Bajé de la camioneta y fui a recoger a mis hijos, esa noche pensé mucho en cómo sería una relación a escondidas, bueno era muy joven aún y mi falta de afecto familiar lo quería suplir con una relación amorosa.
Por primera vez en varios años recordé a Adal, estaba sentada frente a mi espejo cepillando mi cabello cuando vino a mi mente, sentí una opresión en mi pecho y suspiré ¿que será de tu vida Adal? ¿Dónde estarás? Han pasado seis años y nunca has buscado a tu hija. Sonreí amargamente moviendo mi cabeza de un lado a otro en manera de desaprobación.
Tenía claro una cosa, si no había buscado a su hija hasta entonces era porque no le interesaba, entendía que en ese momento era joven y no podía hacer nada en contra de las decisiones de su madre pero ahora tenía casi 25 años y no había regresado, el se perdía a una niña maravillosa como mi Fátima.
El tiempo no perdona y pasa rápido, un año después yo seguía trabajando a lado de Federico todo era muy bueno, en ocasiones salíamos a cenar o comer los fines de semana, siempre con mis hijos acompañándonos. Nuestra relación era muy adolescente no sabía porque pero era una relación bonita nada s****l nos unía simplemente nos acompañamos y platicamos de la vida, nos tomábamos de las manos y un beso ligero era toda nuestra interacción un amor puro y sin pedir nada a cambio era nuestra relación.
Federico se encargaba de algunos de nuestros gastos, les compraba lo necesario a Ulises y Fátima, yo sabía muy bien que no era su obligación y lo agradecía demasiado.
Silvia y sus hijos habían desaparecido, no le permitió ver a sus hijos y demandó su pensión alimentaria, Federico no quería pleitos de ningún tipo y siempre se hizo cargo de todos los gastos de sus hijos y su aún esposa, era difícil verlo hablar con su abogado su voz se entristecía cada que hablaba de sus hijos, el no verlos para él era lo más duro.
Yo veía como depositaba mes con mes más de la cantidad que le correspondía pero ni así le permitían que conviviera con sus hijos.
Un día como cualquier otro le llegó una carta de Silvia, en la que le informaba que ya no vería jamás a sus hijos si no volvía con ella.
El estaba furioso y arrojaba todo a su paso esa fue la primera vez que lo escuché maldecir a alguien y llorar.
—¿Estás bien?
—¡No Olga!
Me abrazó y podía sentir en ese abrazo toda su tristeza, lloraba desconsolado como un ni lo pequeño al que le habían llamado la atención.
—¿Que sucede?
—Silvia está loca, me está llevando al límite.
Me mostró la carta y cuando la leí no podía creer de lo que era capaz esa mujer, podía entender un poco su situación y decidí renunciar a él para que no perdiera a sus hijos.
La carta:
Querido Federico, quiere que estés enterado que he llegado a la conclusión de no permitirte la convivencia con mis hijos, tú prioridad deberíamos ser los cuatro y no sólo ellos. Ya que no quieres regresar conmigo y ser felices te quedarás sin ellos hasta que recapacites.
Fue difícil decidirlo pero todo lo estoy por el bien de nuestra familia, sigue depositando el dinero y cuando recapacites llama a mi hermana ella sabe dónde localizarme.
—Federico si crees que es conveniente volver con ella para no perderlos no te detendré.
—No caeré en sus chantajes, no volveré con ella, no regresaré a lo mismo de antes.
Después de verlo pensativo por algunos minutos, se limpió las lágrimas y habló con bastante firmeza.
—Si se quiere alejar es su problema, seguiré con mi obligación de enviar una mensualidad para ellos pero no volveré con ella.
No me quedaba nada más que apoyarlo en sus decisiones y esperar a que todo se resolviera a su favor.
Por la noche lleva a mis hijos al super mercado a comprar despensa y ahí nos encontramos con mi mamá y mi papá, me quedé sorprendida y no sabía cómo reaccionar después de no verlos por dos años sentía un cúmulo de emociones no sabía si correr y abrazarlos o huir del lugar. Pero sucedió algo que no me esperaba que pasara.
Mi madre corrió y me abrazó con lágrimas en los ojos, me quedé sorprendida sin poder reaccionar sólo la voz de Fátima me sacó de ese transe.
—¡Abuela!
—¡Mi Fátima! ¡Te extrañé demasiado! A ti también mi pequeño Ulises.
Podía escuchar la voz entre cortada y ver sus lágrimas correr, mientras abrazaba con fuerza a mis hijos.
—¡Hija por favor, perdóname! Siento mucho todo lo que sucedió en ese entonces, siempre estuve equivocada no quiero perderlos de nuevo por favor no te vayas otra vez.
—¡Mamá!
No sabía que responder sólo los abracé con fuerza, en el fondo de mi corazón deseaba recuperar a mi familia, a pesar de tener a mis hijos me sentía sola sin tener con quien platicar de mi día a día, no quería que mis hijos se alejaran de una familia y crecieran solos.
Pensaba que todo estaría bien, ahora tenía de nuevo a mis padres a nuestro lado ya no estaríamos más solos los tres.