Nadie dijo nada. Los tres tomamos asiento en la mesa del comedor y esperamos a que una de las cocineras nos trajese la comida. Elías seguía bastante impresionado por encontrarse en una mansión tan grande. Estaba más que claro que por su mente no había pasado ese pensamiento. Comer con la mano izquierda era todo un reto... Un reto imposible de cumplir. Siempre había usado esa mano para cosas secundarias. Por eso decidí comer algo ligero, así no tardaría un siglo en alimentarme. —¿Por qué nadie se informó sobre lo que pasó conmigo? —Rompí el incómodo silencio que reinaba en la habitación. —Todos dedujimos que querrías estar sola. Creíamos que por eso te habías ido. —Respondió JT, después de meterse la última cuchara de comida en la boca. —Podríais haberos asegurado de ello. —Se metió en
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