Lo había confesado, ya no podía mas con lo que sentía. —Por fin lo aceptas —susurró, su mano se apoderó de mi cintura, sentí su labio en la frente, en la nariz, luego tocó de manera sutil mis labios. Yo quería más, deseaba uno apasionado, pero no lo hizo—. Yo te amo. —Yo necesito un beso —sonrió, sus ojos tuvieron un fugaz matiz rojo. —Ahora te toca esperar —refunfuñé. —Lo merezco —sonrió volviéndome a besarme en la frente. Nos integramos a la reunión sin separarnos mucho, él no dejó de darme besos en la mejilla o en las manos. Estaba feliz de tenerlo cerca, salimos de la mano al pasillo en la parte trasera de la casa, había pocos invitados en ese lugar, llegamos al jardín, me abrazó por la espalda. —La mujer que sacaste es una de las pocas brujas blancas existentes, ayer intentó h

