Capítulo 20:Enredos y Revelaciones

1463 Palabras
Después de esa conversación tan cargada con Tristan, regreso para unirme a los demás en el almuerzo. Me sirvo una copa de vino llena hasta el borde. Bebo como si tuviera sed, pero en realidad, es la frustración de tener que lidiar con la ambición de Tristan lo que me impulsa a beber. Mientras contemplo la copa, una idea se enciende en mi mente, como si una bombilla imaginaria se iluminara sobre mi cabeza: si el plan de Tristan es permanecer en esta familia por el renombre, ¿por qué no convertir su nombre en algo significativo? Asiento para mí misma y tomo otro sorbo de vino. —Querida, ¿en qué piensas? —me pregunta Viktor, notando mi gesto de asentimiento mientras miro hacia la nada. —En una idea que acabo de tener, quiero discutirla contigo más tarde —respondo, manteniendo la idea fresca en mi mente. Terminamos de comer y recorremos el lugar. En un momento dado, mi madre toma del brazo a mi esposo y se lo lleva para preguntarle algunas cosas sobre la casa de campo. Aprovecho que Dixon también parece estar solo, ya que Kayla está caminando con sus padres, y me acerco a él. —¿Qué es esa idea que tienes que hablar con Viktor? —pregunta Dixon, llamando a su padre por su nombre de pila. —Tristan lo sabe —confieso finalmente— y me está chantajeando. —¿Con qué? —Dixon frunce el ceño, claramente preocupado. No puedo decirle exactamente con qué me está amenazando, ya que me niego a mostrarme celosa y posesiva frente a él. —Con decirle a Viktor claramente y arruinarte a ti. No sé de qué manera, pero sé que planea hacerlo. Dixon se muestra preocupado; sé que le duele no ser aceptado de la manera que desearía por su padre, y la idea de fallarle de esta forma lo perturba. Pero también sé que lo que siente por mí lo consume; puedo notar en su cara una pizca de desesperación y miedo. —¿Y qué planeas hacer? —me pregunta con un tono desbordado. —Lo único que siempre ha querido Tristan es un nombre. Está cansado de ser quien le da clase a aquellos que se creen más que él, quiere ser alguien importante. Y, por lo que sé sobre la historia de Tristan, es estudiante de economía y marketing, considero pedirle a tu padre que lo tenga bajo su ala en la empresa. —¿En mi empresa? —se queja Dixon. —Pensé que dijiste que no querías recibir las migajas y nos iríamos lejos —replico, sintiendo mi paciencia flaquear bajo la presión de mantener la calma. Él asiente, reconociendo el acuerdo, pero puedo sentir su conflicto interno y me hace desconfiar de su palabra. —Hazlo. Habla con mi padre sobre Tristan —dice finalmente, resignado. Asiento, aunque molesta por su reacción inicial. Me dirijo hacia Tristan, que me observa con una mezcla de diversión y curiosidad. —¡Qué casualidad! No solíamos hablar tanto como ahora —comenta con una sonrisa cínica. —Tengo algo que ofrecerte —digo, intentando captar su atención. —Creí que había dicho que no quería dinero —responde, levantando una ceja. Aclaro mi garganta, preparándome para revelar mi propuesta. —Sé lo que quieres, Tristan. Quieres ser alguien, quieres que las personas con las que te rodeas por tu trabajo te hablen con respeto, te reconozcan. Puedo notar su rostro cubierto por el manto del dolor. —. No fue por eso que te acercaste a mi madre, aunque no entiendo por qué, después de todo lo que pasó, continuaste con ella —asiento, admirada e intrigada—. Y ahora eres como el suegro de Viktor Fitz o, al menos, vives bajo su techo y eres conocido por ello. Sin embargo, sigues en ese patético trabajo, tratando con personas que solo hablan de sus viajes, de sus joyas, de sus lujosas vidas mientras tú... eres la sombra de mi madre y esperas lo que sobra. Tristan me mira, su expresión cambiando de diversión a seriedad, tocado por mi observación. —¿Y cómo cambiarías eso? —pregunta, su interés picado. —Debería tener algún peso ser la esposa de un hombre de poder —le recuerdo con un tono de soberbia—. Voy a ayudarte, Tristan, mi querido Tristan. —¿Y qué tengo que hacer? —inquire, cauteloso. —¡Esa es la mejor parte! —digo, sonriendo de manera complacida—. No debes hacer absolutamente nada. Solo mantente al margen, y todos estaremos felices. —Tienes miedo —exclama, su voz llena de desafío—. Tienes miedo de que lo tuyo con el chico guapo acabe tan rápido con solo chasquear un dedo —dice, aun manteniendo ese brillo de superioridad sobre mí—. Está bien, no haré nada. No forzaré nada. Sin embargo, déjame advertirte algo, porque te quiero: esto que tienes con Dixon será tu perdición. Quizás ahora no lo veas, pero tarde o temprano, incluso sin mi ayuda, todo lo que te dije sucederá. Esa unión está prevista; solo abre bien los ojos. Aprieto la mandíbula, frustrada y molesta. —No tienes ni idea de lo que hablas —replico, con un tono más agudo de lo que pretendía. Él suspira. —Quizás tengas razón. Resuelve mi asunto cuando puedas. No hay prisa. Camina hasta mi madre nuevamente y enreda sus dedos con los suyos. Yo me abro paso entre todos y envuelvo mi brazo con el de mi esposo. La noche cae de inmediato; nos metemos dentro de la casa en el living con el fuego de la fogata. Tengo una copa de vino en la mano y mientras todos conversan de cosas que no descifro, yo tengo la mente en otra parte, en las palabras de Tristan: “Dixon jamás dejaría todo lo que tiene...”. Termino de beber mi copa y me sirvo otra. —¡Bea! Últimamente estás bebiendo mucho —me susurra mi madre, acercándose para beber jugo. Su preocupación es palpable, pero su tono intenta mantenerse ligero.—¿Quieres ir a ese lugar...? —ella sugiere, su voz baja, haciendo alusión al centro que la ayudó a ella. —No —respondo cortante—. Yo no soy alcohólica, solo bebo porque es la ocasión. Completo mi copa y vuelvo a sentarme junto a Viktor, intentando ignorar la mirada preocupada de mi madre. —Bea, ¿cuánto te falta para recibirte? —pregunta la madre de Kayla. —Dos años —le respondo. —¿Estaba en tus planes casarte antes de graduarte? —No —admito sinceramente—. Mi plan no era este. De hecho, con Nicolás, mi ex pareja, lo habíamos hablado; íbamos a casarnos una vez que termináramos la carrera, pero las cosas cambiaron y Viktor se ganó mi corazón de una manera... —¿Nicolás? —interviene Dixon, con un tono que revelan una pizca de celos que no logra ocultar completamente. Amy, sin darse cuenta de la tensión y la presencia de mi esposo, interviene con entusiasmo. —Sí, Nicolás fue el novio de Bea durante mucho tiempo. ¡Eran hermosos juntos! Ups —se da cuenta tarde de su error. —Tranquila, soy consciente de que ella me eligió a mí —responde Viktor con una calma forzada. Dixon bufa, en su rostro un cuadro de incredulidad y desafío. —Me gustaría saber por qué. Mi corazón se acelera, las advertencias de Tristan resonando en mis oídos junto con los celos infundados de Dixon. Respiro hondo, tratando de mantener la calma y la dignidad en una situación que se complica por momentos. —Dixon, ¿no crees que es momento de mirar hacia adelante? —mi voz intenta ser suave pero firme, buscando hacerle ver que su comportamiento está cruzando límites innecesarios. —Oh, por supuesto —responde Dixon con un tono seco, cargado de sarcasmo.— Bea, solo intento entender lo especial que debe ser mi padre para haber cambiado tus planes así. Intento sonar convencida al responder, sabiendo que cada palabra es escrutada no solo por Dixon, sino por todos los presentes. Me esfuerzo por no herir sus sentimientos mientras manejo la delicadeza del momento. —Claro, lo es —respondo. Pero mientras lo digo, me pregunto qué hacer ahora. Dixon ha dejado claro sus celos frente a mi esposo, su novia y todos los presentes. ¿Cómo manejar esta situación delicada sin causar más daño del necesario? El silencio que sigue es pesado, cargado de palabras no dichas y tensiones apenas contenidas. Me excuso para ir a buscar otro vino, necesitando un momento para alejarme de las miradas curiosas y los cuchicheos apenas disimulados.
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