Alan
-¿Para qué es esa silla?
-La silla es para que comas ahí
-¿Y porque el otro día comí en una silla normal?
-Porque el otro día la sillita no había llegado aún.
-¿Y cuándo pediste la silla?
-La silla la pedí el día que aceptaste ser mi babygirl. Pero bueno no nos entretengamos más, te voy a preparar un plato de fruta – fui a dejarla en la silla, pero ella se estrechó más contra mí para que no la dejara en la silla.
-No quiero sentarme allí – dijo acurrucándose en mi hombro.
-¿Y si me caigo Daddy? – pregunto haciendo un puchero
-No te vas a caer pequeña, la silla está hecha para resistir muchísimo peso, ahora siéntate en la sillita ¿vale?, hazlo por Daddy.
-Valee, lo are por ti Daddy.
-Muy bien, esa es mi chica – le di un beso en la punta de la nariz y la senté en la silla.
Una vez termine de trocear toda la fruta, se la puse en un plato y me senté delante de mi princesa. Ella intento coger el tenedor pero yo le di un pequeño golpe en la mano para que no lo cogiera.
-Shh, no cojas el tenedor, te voy a dar yo de comer – dije pinchando un trozo de fruta con el tenedor.
-Pero Daddy, yo soy mayor – dijo haciendo un pequeño puchero
-No, tu eres un bebe y te voy a dar de comer siempre a partir de ahora.
No rechisto más y comenzó a comer, cuando termino, subimos arriba y la deje en su habitación para que jugara mientras yo atendía unas llamadas perdidas del trabajo.
Cuando termine, fui a la habitación y la vi jugar con unos peluches. Parecía tan concentrada que no noto mi presencia.
-¿Te lo pasa bien princesa? – le pregunte agachándome a su altura.
-Si muy bien Daddy, me encantan estos peluches.
-Me alegro mucho princesa.
-¿Daddy quieres que te presente a mis peluches?
-Claro que si.
-Mira este se llama copo.
-Este se llama Serafín.
-Y por último esta Porky.
-Si Daddy, pero hay un problema – dijo con un tono triste y agachando la cabeza.
-¿Qué pasa bebe? – le pregunte levantando su mentón.
-Pues que Porky se siente triste y me ha dicho que quiere un compañero.
-Pero princesa, tienes muchos peluches para que le hagan compañía a Porky
-No, bueno...ya pero es que Porky le gustaría tener un amigo oso.
-¿Me estas intentando decir que quieres el peluche de la tienda?
-No Daddy, yo lo hago por el señor Porky, para que no se sienta solo.
-¿Estas segura?, sabes que no puedes mentirme, porque si lo haces tendrás un castigo – le susurro en la oreja.
-Princesa, ya te dije que si quieres algo solo tienes que pedírmelo.
-Entonces eso significa que me vas a comprar el peluche – dijo con ilusión.
-No, me has mentido y ese será tu castigo, no comprarte el peluche que quieres.
-Pero Daddy quiero mucho ese peluche – se puso encima de mí y comenzó a moverse encía y abrazarme, uff respira, mi amigo se estaba alegrando mucho ...
-Bueno si te llevas bien a lo mejor me lo pensare – dije acariciando su pelo – Pero bueno, ahora ay que bañarte, be quitándote la ropa mientras yo preparo el baño – abrí el grifo del agua caliente y luego el del agua fría para que no quemase, mientras caía el agua puse una bola azul para que saliera espuma y el agua se volviera de un azul claro.
-Ya estoy Daddy – entro a la bañera tapando se desnudez.
-Princesa ¿Qué te he dicho sobre taparte? – pregunte suavemente.
-Daddy es que me da vergüenza – dijo mirando para otro lado.
-Bebe te he dicho que eres preciosa, y no tienes que tener ningún pudor a estar delante de mi desnuda, te voy a ver muchísimas veces así; ¿lo has entendido bebe?
-Si Daddy – se acercó a mí y me dio un beso pequeño en los labios. Me sorprendió mucho su acción, pero me encanto sentir sus labios contra los míos – Yo.....yo....lo siento mucho Daddy, no debí hacerlo sin tu permiso.
-¡¿Qué?!, no no princesa, tú me puedes dar los besos que quieras – dije dándole un suave beso en los labios; pero que adorable se puso roja.
Cuando termine de bañarla, la seque y le puse una camisa rosa y unas braguitas que ponía Yes Daddy. Más tarde bajamos y le prepare la cena mientras ella veía en el soba los Pingüinos de Madagascar. Una vez termine de preparar la cena, la senté en la sillita para poder darle de comer.
-Daddy, no quiero esa cosa – dijo apartando la cara para que no pudiera darle el puré.
-Pero bebe si está muy rico.
-No, seguro que no, no tiene buena pinta – dijo negándose otra vez a la cucharada.
-Princesaaa – dije en tono de advertencia.
-No Daddy, por que no te lo comes tu.
-Porque yo voy a comer después.
-¡No, no quiero comerme ese purés!
-Vamos,.. – volví a intentar fracasando en el intento.
-Es que no me justara...
-Sí que te justara es de verduritas y de queso.
-Egg, el queso no me sienta bien.
-No me mientas, sabes que no me justan las mentiras.
-Pero es verdad Daddy.
-Mira me estoy hartando, o te lo comes o te voy a castiga, es la última advertencia.
-¡No! – dijo pegando un manotazo a la cuchara, esta cayo al suelo haciendo que parte del puré manchase mis zapatos.
-Mira ya me he hartado – me lévate y abrí un cajón de la cocina.
-¿Qué qué es eso Daddy?
No le conteste y ate sus manos a la silla para que no pudiera rechistar. Una vez termine de darle la cena entre forcejeos, le solté las manos y la cargue en sus manos para ir a mi habitación.
Espero que os guste
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