Adara por fin se aventuró a abrir la pesada puerta blindada que la separaba de Ezior, respiró profundo y confió en que el tiempo de aislamiento del chico hubiera sido el suficiente para cumplir con su metamorfosis, la hoja metálica chirrió cuando la movió, cualquier otra persona no habría podido hacerlo sola, habría necesitado de tres o cuatro hombres para hacerlo o de un sistema automatizado, pero para Adara fue como abrir la puerta de cuarto, lo hizo sin esfuerzo. Ezior se hallaba sentado en una esquina rumiando su suerte. — ¿Ezi? El chico la miró con espanto. — ¿Estás loca? ¡Apártate de mí! No quiero hacerte daño –gritó pegándose más a la pared. —Ya puedes venir conmigo, ya todo ha pasado… -extendiendo su mano al chico para ayudar a levantarlo. — ¿Estás segura? —Lo
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