Minerva no podía creer que Alejandro cayera tan bajo, no le había parecido en un principio que el joven fuera tan astuto y menos tan manipulador, simplemente lo juzgó un niño rico y mimado, pero no se podía confiar en nadie de su clase, esa gente era toda igual, y pensar que le había parecido lindo. Ahora tendría que ceñirse a sus demandas mientras hallaba la forma de convencerlo de la verdad, pero veía muy difícil poder hacer eso, alguien como él acostumbrado a esa vida de lujos y abundancia no creería fácilmente una palabra de lo que ella pudiera decirle, y menos después de haberla encontrado con las manos en la masa robando información de la computadora personal de su padre. -¿Boris no sé qué hacer…? –Con el rostro entre las manos. -Como yo lo veo no hay de qué preocuparse, él solo e

