Sostengo el cabello de su nuca con posesión, y presiono mi cuerpo al suyo sin dejar de besarla con desespero, lamo, chupo y muerdo sus labios dejándole en claro de quién son. Tengo la enfermiza obsesión con querer marcarla para que quien la vea se dé cuenta de que me pertenece su deseo. Su lengua se encuentra con la mía, necesito hacerla mía con desesperación, no pretendo salir de esta habitación sin correrme sobre ella y que ella gima mi nombre. Sé que debo de parecer que la odio, pero ¿Puedo odiarla mientras le embisto sin piedad? No sé qué hago preguntándome eso, porque, es lo que pienso hacer. Suelta un gemido en medio de mis labios cuando aprieto sus pechos, los magreo con rudeza y siento cómo se endurece sus pezones a través de la tela de su vestidito veraniego lleno de flores. E

