Verónica Pasamos unos días maravillosos en París. Massimo estuvo siempre con nosotros y mi mamá creo que comienza a sospechar algo. Se portó muy bien con todos y a ella nadie la engaña, debo contarle sobre lo nuestro antes de que se entere. Hoy fue un día muy largo, tuve que apoyar a una de las chicas que no fue, así que me tocó doble turno, estoy agotada. Me dirijo a casa con un objetivo en mente, comer, tomar una ducha y tirarme en la cama. —Madre, ya llegué. Bendición —digo cerrando la puerta. —Estamos en la cocina, cariño. Comienzo a dirigirme hasta allí, hasta que caigo en cuenta de algo. Un momento, acaso ha dicho ¿estamos? ¿Pero quién...? Me detengo en seco al ver a Massimo hablando con mi madre. No me había dicho que venía, ¿qué hace aquí?, me pregunto. —Massimo... ¡Hola! N

