Un choque sospechoso en una avenida de gran velocidad, había dejado un muerto, triturado entre los fierros retorcidos. Garrido, primero, vio que no habían huellas marcadas en la acelerada marcha hacia la pared. Examinó en forma detenida el auto hecho trizas, convertido en un acordeón, luego de estrellarse aparatosamente con un muro, y me dijo que aquí había algo raro. Luego intentó meterse entre los fierros retorcidos, tratando de no mover nada, con sus guantes puestos y usando su lapicero para palpar los fierros. -A ver teniente. Pista de alta velocidad, un auto se estrella, se hace añicos y se convierte en chatarra, ¿dónde está lo extraño?-, me preguntó. Yo estaba boquiabierta. -¿Lo chocaron y se estrelló con la pared? ¿Perdió el control del carro?-, intenté adivinar. Sonrió satisfec

