Capítulo 80

903 Palabras

Encontré a Garrido meditabundo, apagado, exánime, sin ese rostro tan distendido que lo caracterizaba. Por el contrario vi su cara ajada, descolorida y los ojos llorosos. Se había reintegrado a la comandancia un día antes luego de sufrir su grave herida. Estuvo haciendo papeleos con los administrativos y oficinistas y no había podido conversar con él. Tampoco estuvo con la unidad pese a que un múltiple homicidio nos había ocupado casi todo el día. Fui de prisa a saludarlo y darle la bienvenida que se merecía y reintegrarlo al mando del equipo. Sin embargo, mi entusiasmo se estrelló con el rostro adusto y desencajado del capitán. -Hola Fernanda-, me dijo apenas, con una voz vacía y tétrica, desabrida y monótona. -¿Qué ocurre, capitán?-, le besé la mejilla. Suspiró largo y me pareció una a

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