Me convencí que estaba muy enamorada de Monteza. Que ya no era más un capricho o una obsesión, una fantasía, algo platónico o una relación o romance pasajero. No. Yo lo amaba. Lo quería mucho, lo soñaba y lo deseaba. ¿Por qué me enamoré de Monteza? Porque es un chico simple, noble, romántico y me gustaba su manera de ser. Lo que no estaba convencida es que si él me quería de la misma manera que yo lo adoraba y estaba prendado. Es verdad que todo empezó con una impresión, una imagen, un rostro, una sonrisa y esos ojitos vivarachos que me entusiasmaron, también su desparpajo y su forma de ser tan distendida, que al principio fue un capricho, una ilusión muy femenina de mi parte de ser poseída por un hombre hermoso y sobre todo prohibido. Porque lo acepto, a mí me entusiasmó lo prohibido y

