Monteza había desaparecido. No estaba por ningún lado. Nadie sabía, tampoco, dónde se encontraba. Me sentía frustrada otra vez. Y lo peor era que temía que él estuviera implicado en el caso del robo al banco. -Falta por ubicar a uno de los ladrones, le dije a Manolo, si logran atraparlo me avisas- Manolo ignoraba que lo que me interesaba era saber si Monteza había participado en el asalto. -No te preocupes, Fernanda. Te tendré al tanto-, me prometió con resolución. En medio de esa vorágine de sucesos, me llamó Maúrtua. -Tengo un viaje a Iquitos-, me anunció divertido. Sabía de sus intenciones. Me molesté. -Estoy con mucho trabajo, señor presidente-, dije. -Ya hablé con tus superiores y te han dado permiso-, me sonrió. Eso me puso aún más furiosa. Fui de inmediato a la oficina de Gar

