Descendimos del avión, el aire fresco de Tokio nos recibió con una brisa suave que llevaba consigo el mar y el trajín de la ciudad. Salimos del avión, fuimos a buscar nuestras maletas, y mientras caminábamos, Janeth y yo no pudimos evitar sentirnos maravilladas por estar aquí. Todo era diferente, el idioma era sensacional, sus personas eran muy amables y hogareñas, por fortuna, escuchamos que algunas hablaban con extranjeros en inglés, así que no se nos iba a ser tan complicado comunicarnos mientras que Janeth y yo nos preparábamos a aprender el idioma oficial del país. Tener a Janeth a mi lado me daba un alivio incondicional porque de no ser así, estoy segura de que no hubiera tenido razón de ser. La llegada a la zona de recogida de equipajes fue muy rápida. Las maletas de Janeth aparec

