Capítulo 3: Perdamos el corazón, pero no la cabeza

2219 Palabras
Sebastián: -¿Estás seguro de que es ella? -Indudablemente. -mencione- Joost personalmente la ha escogió, y yo he estado de acuerdo- pude notar la leve mueca que dio tras la mención de aquel nombre -Mi lobo te incomoda- dije. -No. no es así. -No era una pregunta.-lo mire y sus ojos verdes parecían dudar entre ser sincero, o ignorarme- ¿Por qué no te gustan Dylan? -No es cuestión de si me gustan o no. -Ellos confían en nosotros. -Si confiaran en nosotros se presentarían solos en nuestra dimensión. -Tu no irías solo hasta su dimensión- contraataque. Sabía que mi argumento era válido, y aunque el pareció notarlo jamás titubeo en nada, su rostro estaba igual que antes – Como sea, mi padre aprueba el plan y es suficiente. -La reina Alice no. -Mi madre se equivoca- y luego pienso en la discusión que he oído horas antes, cuya charla jamás debí haber escuchado –Ella quiere confiar en un hombre que ha enviado. Dicen que está en las montañas viviendo en secreto con ellos.- miro sus ojos y por un momento dudo si preguntar -¿Quién es Bryan? Su silencio deja mucho que desear, pero solo se limita a decir–Es tarde- Tal y como esperaba, él se ha ido librándose así de mi interrogatorio. ¿Es que acaso nadie me cuenta nada? -Eso se debe a que aún eres joven- la voz de Joost me sorprende. Mi fiel y leal lobo. -Ya te he dicho que no me gusta que leas mis pensamientos- le digo- es antinatural. Solo háblame, como ahora. -¿Antinatural?- dice- Es antinatural.- repite- vaya queja viniendo de un vampiro.- lo miro acusadoramente, así que añade –Esta bien. Si eso es lo que quieres, ya no lo hare. -Gracias, Joost.- digo- pero... ¿Seguirás sin decirme quien es Bryan? Él se sienta, sus ojos violetas me estudian, sacude su cola durante un mili segundo, y luego su silencio me da la respuesta. Suspiro cansado porque sé que hay cosas que ha prometido no decir, yo no insisto porque no quiero incomodarlo y que se sienta culpable.- ¿Qué tal te fue hoy con el rey Krishan?- digo cambiando de tema -Igual- se acomoda en el suelo. –Le manifesté una vez más mi preocupación por que no crezcas con chicos de tu edad. -¿Por qué crees que es necesario que deba convivir con otras personas? -Primero- dice mientras se levanta y se sacude-eres muy arrogante. -... -Segundo, porque eres muy mecánico. Ni siquiera Levi pudo resistirse al mostrar humanidad cuando conoció a tu madre. -Eso es, porque no soy un humano. Y no me repitas esa historia. Ya me la sé de memoria.-lo miro, y de alguna forma me siento en obligación de demostrarle que no ha hecho un mal trabajo conmigo –Amo a mis padres- y porque era cierto –pero no creo que el amor salve al mundo. O al menos no me hará descubrir quien mato a mi abuelo. -Estas tan obsesionado como todos con eso.- repitió cansado. –Si ese va a ser el tema de conversación regresare a mi dimensión- un portal se abre ante el -¿Me llevas? -Ya fuiste allá la semana pasada. La respuesta es no. No me da tiempo de refutarle porque ya ha desaparecido por este. Y me maldigo internamente porque ahora estaré aquí aburrido. Aquí aburrido esperando a un vampiro Aburrido hasta que una marginada decida venir a mí. Recuerdo decir las palabras correctas, en el tono correcto, de la forma correcta, y en la situación indicada. Quizás no basto con planear la ubicación de los guardias en el pueblo el día del asalto a las carrozas, quizás no basto guiarla apropósito hacia mí en aquellas calles. Semanas de observación a las escuadras para elegir a una, y luego ella solo apareció ante mí, apareció ante mis ojos. ¿A qué esperas ahora Aria? Te elegimos a ti. Yo te elegí. Ven de una vez. *** Aria: -Su estado ha empeorada- su voz era preocupada, y su nerviosismo me hacía poner nerviosa a mí. –Ayúdame- pidió Lidius -Se lo diremos a alguien. - dije mientras me proponía a salir de la casa -¡N-no!- me ha detenido sujetando la manga de mi camisa –Ya sabes lo que dirán ellos.- en sus ojos casi podían verse las lágrimas –"No puede morir" "Ya mejorara" "Es cuestión de acostumbrarse"- repitió cada una de las frases que ya se sabía de memoria- pero, Aria, mírala... -le echo una lastimera mirada hacia aquel cuerpo en reposo, aunque quizás no podría considerarse así con tantas vueltas que daba alrededor de su cama quejándose en sueño por su malestar- está sufriendo. Medicina. Es lo que necesitamos. Podemos ir al pueblo. Tú y yo. Y robar algunas. -Es arriesgado. - mencione- si Harlequinn se entera se lo informara a las escuadras de alto nivel. -¡¿Y a quién le importa?! No trabajamos para ellos. No respondemos a ellos. Nosotros no respondemos ante nadie. Esa es la regla de nosotros. Eres tú por tú cuenta. No tenemos un líder y nunca lo tendremos; solo trabajamos a cambio de algo; esa es nuestra paga. Si cooperamos con otros equipos solo es por eso. No por lealtad. -Está bien.- dije. –Sabes que no la dejare así, lo sabes Lidius. Solo déjame pensar- miré por última vez a May, y luego salí de su casa en busca de aire fresco. Él tenía razón. Nadie la ayudara, para ellos no tiene sentido curarla, es inmortal, ninguna enfermedad podría acabar con su vida, pero está sufriendo. Oh mierda, el dolor es tan real como te lo puedas imaginar. Los que llevan viviendo miles de años saben sobrellevarlo, ellos están acostumbrados, pero no por eso deben esperar que una niña de 10 años lo haga también. « No puedes confiar en nadie » ¿Quién aquí querría ayudarme? «Nadie » ¿A quién tengo para recurrir cuando estoy desesperada? «Lidius » ¡Pero esa respuesta no me sirve ahora! ¡Es el que ahora me necesita! Un recuerdo vuela a mi cabeza «Las puertas del castillo están abiertas » la voz de aquel chico ha sido imborrable desde que la escuche. Es como si hubiera encontrado un hueco dentro de mi cabeza y hubiera hecho nido allí. O podría pedírselo a Harlequinn, a cambio de algo. Si es a cambio de algo siempre aceptara. El siempre acepta a ayudarme. De alguna forma siempre cede. Tengo que elegir... ¿Es Harlequinn, o… un completo desconocido, el cual también es un especial y el hijo del mismísimo rey? Si, vaya. Debo estar loca. Lidius: Al cabo de un rato vuelve a entrar en mi cabaña -¿Ya decidiste que hacer?- le pregunto esperanzado -Si. - me dice- te conseguiré la medicina. -Genial- digo-iré a prepararme para ir al pueblo -No- dice- confía en mí, traeré la medicina antes del amanecer. -Pero no podrás hacer tu sola...- ella me interrumpe -Quizás solo no debas estar involucrado en esto- aquellas palabras me dejan confundido, pero ella se apresura a calmarme con lo que siempre me ha dicho –Tu hermana estará bien, te lo prometo- y sé que ella, siempre cumple sus promesas. Y así la veo irse... Confió en ella. Pero no en su talento innato de complicar las cosas sencillas, así que trato de seguir su caminar atreves del bosque. *** Sebastián: Mis padres son casi copias exactas de sí mismos. Lo digo enserio. Los mismos colores de ojos, el mismo color de cabello. El color de su piel también es muy similar, pero aun así ellos no podrían ser más diferentes por dentro. Mi padre está en su escritorio, sostiene papeles enfrente de sus ojos, al parecer discute sobre estos con Víctor, Martin, y Dylan. Por alguna razón me han criado con ellos tratándolos como familia, aunque en sí, no tengamos ni un parentesco familiar con ellos. En cuanto mi madre entra en la habitación, noto que él se ha desconcentrado a pesar de que ella ni siquiera lo ha llamado, ella se ha ido directamente a la estantería y a revuelto ciertos documentos sacando así tres carpetas. -Levi- oigo la voz de Dylan volviendo a llamar su atención. -Escucho, Dylan- dice mientras regresa la mirada a los papeles. Comprendo lo que me ha dicho Joost, se de lo que habla, aunque casi a medias. No estoy muy seguro de saber cómo se siente que alguien te desconcentre por el simple hecho de entrar en la misma habitación que tú. -Sebas- la voz de mi madre me saca de mis pensamientos. Alzo mi mirada del libro que he estado fingiendo leer. -¿si? -Baja a comer. Y deja a tu padre trabajar. -Yo no diría que soy yo el que no lo deja. -No te pases de listo. Anda, baja- noto que aparte de los 3 archivos agarra un último libro y se retira. Me levanto del sofá, dándole una última vista al fuego de la chimenea. -Papá.- le digo. El regresa a mirarme ignorando toda queja que le ha echado Dylan -¿Puedo agarrar los papeles de tu cuarto para leerlos? -¿Cuáles?- él lo pregunta. Pero esa mirada, Si, esa. Esa que echan los padres. Sabe exactamente lo que le estoy pidiendo, pero está obligándome a que se lo pida siendo más específico. –Los de mi abuelo. -Ya hablamos sobre eso. -Dijiste que podía. -Dije que podías hacer lo que quisieras, no que te ayudaría.-el crepitar del fuego creaban sombras y oleadas en sus ojos- No te hace ningún bien. Dylan me echa una mirada de "te lo dije" "te dije que él no estaba de acuerdo" Bueno. Pero él está de acuerdo a medias. ¡Eso tiene que contar! ¿No? Sé que el asesinato de mi abuelo es cosa de ellos. Y el enserio piensa que estoy obsesionado con eso por una niñería solo porque paso solo y aburrido, pero no es así. No me molesto en contestar. Porque él siempre logra salir ganando. A excepción de mi madre, es como si con ella todos sus argumentos para refutar algo se escondieran lejos de él. Solo con mi madre pierde; pero que conveniente. Pienso en ir directo al comedor tal y como me lo ha pedido ella; ya que después de todo también logro perder contra mi madre. Sin embargo mientras camino, a mi lado se abre un portal –Sal al jardín- me dice- ella ya viene.- y luego vuelve a desparecer Cuando comprendo sus palabras una nueva emoción recorre mi cuerpo. Ella está aquí. Aria está aquí. *** Aria: Cuando llego es el momento en que me pongo a pensar que quizás ha sido una locura venir. ¿Y que si bromeaba? Quizás el enserio no esperaba que yo viniera. Quizás lo ha dicho de un modo cortés e involuntario. Quizás alguna cosa que dices solo porque tu educación te lo demanda de esa manera. Una silueta se forma en la oscuridad, y mientras más me acerco más pronunciada y clara es para mí. De alguna forma su presencia ante mí ahora es diferente, ya no lleva puesto aquel traje simple que casi puede pasar desapercibido, y tampoco carga la capucha. Lleva un traje y sus ojos azules resaltan con él, y me doy cuenta que estos están jodidamente vivos. Sin embargo, su rostro es sereno, su cabello es despreocupado, algo sencillo. -Volví- dije -Te dije que lo harías ¿no?-de alguna forma me molesta el saber que estoy aquí para pedirle un favor, y más porque no me gusta su tono de "tengo la razón" -Necesito tu ayuda. -Ayuda- dice sin variación. -Medicina.- pido -¿Puedes conseguirme medicina? -¿Para quién?- pregunta -¿Un vampiro especial se ha herido?- de alguna forma su pregunta me ofende, pero al verlo logro comprender que no ha sido dicha de un modo malicioso, su pregunta es genuina Niego con la cabeza –es para un marginado. Está muy enfermo- y en mi cabeza me corrijo por "enferma" –debes ayudarme. Por favor. No puedo volver sin ella. Lo noto pestañar unos segundos en señal de confusión –Oh... claro- lo veo retirarse de vuelta al castillo. Y no sé qué esperar de él, cuándo vuelva a salir. Podría traer guardias. Podría ser una trampa. Tantas cosas que pueden salir mal, y sin embargo sigo aquí plantada en el suelo. Después de unos minutos ha vuelto a salir y me entrega una maleta -¿De dónde has sacado eso?- le pregunto -Hay de sobra en el castillo. La tomo, y apenas llega a mí la aferro a mi pecho como si me llevara la vida en ello, porque en estos momentos esta maleta es tan preciada para mí. Esta maleta curara a May. -Gracias. Gracias. Enserio, muchas gracias. El vuelve a parecer incomodo hacia mí, pero luego añade –No importa- -Te pagare esto de alguna forma. Te lo prometo- digo -... -Volveré- dije mientras me acomodaba la maleta con la intención de dar marcha atrás por donde había venido. Él se apresura hacia mí-espera. ¿Cómo sé que lo harás? -Lo hare. - dije –tenías razón cuando me dijiste en el pueblo que volvería a ti.- ahora que estoy en deuda contigo no puedo simplemente desentenderme –ten la certeza que volveré otra vez ante ti- y así corro otra vez a internarme en aquel bosque en medio de la noche. Sebastián: -Perdamos el corazón, pero no la cabeza Sebastián. -¿Q-que...?- su voz me despierta de mis pensamientos. Joost siempre suele aparecer en momentos impredecibles. -te has quedado perdido mirándola. -No exactamente- me defendí -No es lo que esperabas ¿o me equivoco? -... -Así que tú también juzgabas- me dice -¿Y quién no lo hacía? No puedes culparme. No son como nosotros. -Son como ustedes.- Joost se mueve con pereza –Ella es la clave Sebastián, Sigue su pista y encontraras la verdad de todo. -Sabes la verdad y no me la dices. -Está prohibido. -Lo sé...- miro el camino por donde ella se ha ido -ella es la única que puede darme respuestas Joost. -Más de las que te imaginas mi noble vampiro.- sus ojos violetas suelen ser tan misteriosos que parecen que ellos mismos ocultan algo. -¿Descubriré quien mato a mi abuelo? -Descubrirás mucho más que eso. -... -... -¿Me dirás ahora quién es Bryan? -De seguro es un vampiro. -No me digas.
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