Durante el día no quise acercarme a Damián, aún lo sentía como un sueño, él no puede interesarse en alguien como yo, él es un Dios hermoso, y yo no soy como las chicas que lo frecuentan, no uso ropa provocadora, incluso mi madre dice que debería adelgazar un poco, con mi altura debería pesar unos 55 kilos, pero peso 68, sí, estoy más rellenita que las chicas de mi edad.
Yo no me maquillo, no me arreglo las uñas ni el pelo. Para ser una chica de familia adinerada no soy nada parecida a aquellas chicas que usan el dinero para verse espectaculares. No entiendo como Damián me devolvió el beso. Creí que saldría corriendo, aunque esto solo me hace interesarme aún más en él, no tengo miedo de expresarme delante de Damián, no tengo miedo de ser sólo yo frente a él. Si, me muero de nervios cuando estoy cerca de él pero son nervios de esas cosquillas de estómago que se sienten ricas.
Durante la noche, después de un día en familia, los tres salimos a dar una vuelta al bar, mientras Sam coquetea con un chico italiano, yo pido permiso para ir al baño.
Cuando salgo alguien toma mi cintura y me jala hacia atrás, conozco este olor así que sólo me río.
Damián me guía a un lugar que yo no conozco, entramos a un cuarto privado que se encuentra en un pasillo oscuro y él me voltea para besarme contra la pared, esto es hermoso, inexplicable, hasta hace poco impensado, pero sus besos me vuelven loca.
- ¿Cómo te sientes? - Me pregunta de pronto como tanteando la situación y queriendo saber si me incomodan sus besos.
- Siento que esta clase va muy bien.
- ¿Te está gustando besar?
- Me está gustando besarte. Lo haces increíble.
- Cualquiera puede enseñarte a besar.
- Pero no cualquiera tiene tu sabor - Le digo tocando sus labios con mi dedo - No cualquiera huele como tú o me abraza como tú.
- Tori no hagas eso.
- ¿Que no haga qué? - El detiene mi mano con la suya para que deje de pasarla por sus labios y la besa.
- Si no dejas de hablarme así o de tocarme así no responderé.
- Entonces no lo hagas.
- Tori sólo te diré esto una vez, tú puedes tener a cualquiera.
- Pero yo te quiero a ti. - Digo y es suficiente para desatar su pasión.
- Entonces sólo bésame a mi, de hoy en adelante solo puedes besarme a mi. - Me dice de forma posesiva y tomando mi cabello en sus manos para jalarlo con más fuerza, abrir mi boca y besarme desenfrenadamente. Nunca lo había visto así. Debo reconocer que me encanta.
Comienzo a tocar su cuerpo, su espalda, su pecho, su abdomen. Él hace lo mismo y coloca su mano en mi pecho, en mi cadera, mi trasero, pero no llega más allá y mi pulso está cada segundo más alto. Yo quiero seguir, mis hormonas adolescentes quieren llevarme a otro nivel. Cuando el pone su frente en la mía es cuando me doy cuenta de que llevamos bastante tiempo desde que entramos.
Cuando salgo yo primero del armario, llego a Sam quien ni cuenta se da de que no estábamos. Damián no volvió. ¿Se arrepentirá de lo que pasó?
El tercer día vamos a la alberca todos juntos, mientras tomo sol con el bikini rojo que no es tan escotado, siento vibrar mi teléfono, lo cojo y tengo un mensaje de Damián.
- En mi cuarto.
Me doy vuelta para ir al hotel, cuando llegó a nuestro piso, no dudo al tocar. El abre rápidamente y me hace pasar.
Lentamente me guía al sillón y toma mi cara en sus manos.
- Hoy la lección es lenta, no te puedes aburrir de mi, y ya que seré el único al que beses en tu vida, más te vale acostumbrarte.
Comienza lento a rozar mis labios con los suyos, luego sube un poco, muy poco, el ritmo y me besa en todo su esplendor, es un beso suave, un beso casto y lleno de sentimientos para mi. El cree que me aburriré de esto, pero jamás podría tan siquiera pensar en dejar de besarlo. Hoy crece un pensamiento en mi cabeza que no puedo evitar, y es que quiero ser suya.
Ya terminada nuestra sesión de besos pura y casta, me devuelvo a la alberca para simular tomar el sol y que nadie note que estoy echando chispas de la emoción.
De pronto siento a alguien sentarse en la tumbona contigua, asumo que es alguno de los chicos así que no me preocupo, hasta que siento un ligero cosquilleo cerca de mi oído, pero esa voz no la conozco y me desagrada.
- ¿Y si salimos a dar un paseo juntos? – Me incorporo rápidamente y miro al tipejo delante de mí con asombro, ya que no creí que alguien a quien nunca había visto tenga la desfachatez de hablarme así.
- No lo conozco, no entiendo por qué me habla de ese modo – Le digo retrocediendo mientras el pervertido mira mi cuerpo completo, busco a tientas la toalla para taparme.
- Para que nos conozcamos, cariño, podríamos hacer maravillas los dos en mi cuarto.
- Voy a llamar a mis padres – Digo molesta y con miedo, siento que me puede hacer algo.
- ¿Padres? ¿Que eres? ¿Una bebé? – Dice el riendo y tratando de tocarme.
- Es menor de edad, idiota – Escucho a Sam decir desde atrás. El tipo solo me mira asombrado.
- Pero si ella quiere ir conmigo, no importa la edad – Me petrifico, no sé que decir.
- Deberías salir de mi tumbona – Es Damián con un tono de voz intimidante. Su cara es sepulcral y mortalmente fría.
- Lo lamento, amigo, pero no creo que esta sea tuya, pertenece al hotel y no tengo deseo de irme de aquí – su mirada sobre mí es asquerosa y su cara me desagrada.
- Sólo para que lo sepas, "amigo", este hotel es propiedad de nuestras familias, lo que nos hace dueños de estas tumbonas, y la chica a la que tratas de acercarte es mi novia, así que deberías mantener tu distancia. – Cada vez más enojado, Damián dice la palabra novia como si estuviera recitando una amenaza muy poderosa. Yo sólo lo miro con admiración. Él es simplemente genial.
Sin mediar palabra, el tipo se para asustado y Damián se sienta a mi lado, mientras Sam se sienta en la tumbona donde estaba el tipo, no sin antes limpiarla.
- ¿Estás bien? – Pregunta Sam, sólo muevo mi cabeza en señal de afirmación y les agradezco a ambos.
Damián se acerca a mi oído en cuanto Sam se va a la alberca y me dice con una voz ahogada.
- Perdón, no te pude proteger de ese imbécil.
Rápidamente se para y desaparece, no me da tiempo de decirle que no es su culpa, esa vez sentí temor. Temor a que mi cuento de hadas acabara.
Algo cambió en la forma en la que Damián me miró después. Sentí que algo cambió entre nosotros.
Durante la tarde, una tipa muy coqueta se encuentra entre nosotros, al lado de Damián pegada y como si fuera un chicle, no hay caso que se vaya, esto me molesta y ni siquiera debería ser así. Sólo nos hemos besado un par de veces, no hay motivo para que me moleste. Ella toma el brazo de Damián y él me mira con unos ojos extraños, yo desvío la mirada. Ya me vio llorando por Max, no quiero que me vea celosa por el ahora. Esperen… Dije celosa? No, está no soy yo. Pido permiso para retirarme y me voy a mi cuarto.
Me acuesto furiosa, es como si me hubiese estado diciendo en mi cara que no necesitaba estar conmigo, que habían mil más cómo yo, Dios, me siento tan tonta, yo creyendo que el sentía algo por mí, que estúpida soy, decido colocarme los audífonos y olvidar el mundo.
Después de ese día ya no hubo más besos, se la pasó todo el tiempo con la empalagosa esa, se perdieron varias veces y sé muy bien qué estaban haciendo, cuando lo veía volver siempre estaba despeinado y sudoroso. No volví a mirarlo.
Luego de volver de nuestras vacaciones, él se fue.