“Ah… ¡Adoro cuando la música se ajusta a la escena!” ─Te vemos ─me dijo Big Guns al oído. Miré a mi alrededor, más allá de la valla. Las casas nos flanqueaban. La que estaba detrás tenía un gran cobertizo en el extremo de su patio, a cincuenta metros de distancia. Varias higueras servían de cobertura a Big Guns y a Ace, que se agazapaban entre el espeso follaje con un emisor PEM, un dispositivo del tamaño de un gran radiocasete. Transmitía potentes pulsos electromagnéticos desde su antena rectangular de plástico. Lo que parecían hoyuelos tipo pelota de golf daban textura a su cara. Con una pila recargable de 24 voltios, sólo pesaba cinco kilos. Mi chica lo construyó para apagar coches, ordenadores, teléfonos móviles, comisarías de policía, cualquier cosa electrónica. Son más fáciles de co

