Todos empezaron a escalar, la joven metió la caja de cristal en la mochila negra que llevaba, se la puso en la espalda y empezó a escalar, trató de llegar lo más alto posible, pero luego se paralizó, se quedó en su lugar, dejándose embriagar por un silbido, a los segundos se escuchó el golpe de cascabeles, luego varias voces, cuando iba a mirar, Zigor gritó: — ¡No miren, no miren, son las sirenas! —pero algunos no hicieron caso, tres de los mejores miraron y cayeron al agua, todos escucharon el golpe, y luego sus gritos de desesperación. Seguramente vieron la belleza de las mujeres y luego en lo feas que se veían, por sus gritos, la joven podía imaginar que fueron ahogados o…asesinados. No quiso mirar, y no lo hizo. —Tus ojos tiene el color de mar, dime, ¿no perte

