Siguió su camino y se quedó en el umbral al ver la puerta de la habitación de su padre abierta y él despierto, al verla, golpeó la cama y ella avanzó para acostarse a su lado y ser envuelta en sus brazos, un suave apretón que hizo que los ojos de la chica se llenaran de lágrimas. Al final tal vez había razón, si era una mortal débil que se había dejado enamorar. —No necesitas decirlo mi vida, lo sé, sé que está pasando por esa cabecita tuya. Héctor besó su cabeza y la joven amortiguó su llanto en el pecho de él, se sentía segura, ¿Cuándo había actuado así con él? No muchas veces, y no porque su padre no fuera cariñoso, era el hecho de que la vida que llevaban no se lo permitía. —A veces sueño con que esta vida se acabará. — ¿Y qué sueñas

