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1120 Palabras
En el camino el beta de la manada sur manejaba una camioneta negra que los mantenía de momento seguros, vidrios polarizados y preparados para cualquier tipo de ataque. Las rutas o las calles no eran lugar seguro, había controles por todos lados, varios grupos de vampiros solian atacar de improviso y la batalla comenzaba de un momento a otro. Si sonaban las alarmas en las manadas era porque se habían avistado chupasangres y eso generaba que todos se refugiaran en los lugares. preestablecidos. Varios sectores en la carretera que llevaban al centro de la manada del Norte donde se encontraba el Rey estaban intervenidos por puntos de parada ,en donde guardias reales revisaban a los pasajeros para supervisar porqué iban hacia el norte cuando la orden era que se quedarán en sus manadas. —¿Sabes qué vas a decirle? — indagó el segundo al mando de la manada de su primo, aquel lugar que la había acogido desde niña. Elara se quedó disfrutando del viento que entraba por la ventana que era realmente refrescante y relajante. —Simplemente que me deje ayudar a mí manada, no puedo hacerlo si él a puesto precio a mí cabeza. Los ojos del joven se abrieron con sorpresa. —Tal vez un poco más amable que eso...recuerda que es el Rey— dijo mientras encendía la radio buscando alguna música que relajara el momento. Ella no dijo nada, hacer sonar las palabras bonitas no era algo que tuviese en mente. Seguramente la asesinaria de todas formas, él era un Stone y ella una Valorian, las cartas estaban echadas desde hacía tiempo. —Dejame hablar a mí ,no creo que lo tome tan a mal si ve que quieres cooperar para defender a los tuyos...incluso tal vez te perdone por las humillaciones. Los ojos de Elara rodaron y encaró al joven. —Yo no lo he humillado— afirmó — mientras que su familia asesinó a la mía, esos son hechos, no conjeturas. El beta decidió cambiar de tema , todo el plan peligraba si Elara decía esas cosas frente a Zar, seguramente los mataría a ambos por irreverentes, y él no tenía planes de morir de momento. —Como dije... déjame a mí lo de hablar. —una sonrisa engreída se desplegó en el lobo como si estuviera seguro de poder convencer a quien se pusiera en su camino. —Como sea ....— a la loba no le importaba hablar ,pero sí no sería partícipe de mentiras, jamás había mentido o mostrado algo de ella que fuese falso, y no iba a empezar ahora. ∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆ En medio del viaje hacia el castillo del rey, Elara, la loba mate del rey, se preparaba mentalmente para su encuentro. Había logrado sobrevivir después de haberlo encontrado y por eso estaba orgullosa, se sabía que estar lejos de tu mate podría destruirte, pero Elara se sentía vacía, casi sin sentimientos, un robot de esos tiempos. Sabía que debía convencer al rey de que le permitiera unirse a la batalla contra los vampiros para ayudar a su primo y a su manada, pero todo tenía un límite, no le rogaría por su vida. La camioneta avanzaba sin problema entre diversos paísajes realmente bellos, escoltada por el beta de su manada, un lobo que parecía bastante leal. De repente, el silencio de la tranquilidad fue roto por un aullido agudo y escalofriante. Elara sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras el sonido se repetía, más cerca esta vez. Ambos pasajeros se miraron temiendo una emboscada. La camioneta se detuvo bruscamente, y Elara saltó al suelo, instintivamente alcanzando un hacha que se encontraba en el vehículo. El sol se escondió anunciando una tormenta ,en todos los sentidos. Los vampiros emergieron de las sombras, sus ojos rojos brillando con sed de sangre. El beta gruñó, preparándose para el combate, mientras Elara se transformaba en su forma de loba. Su pelaje gris plateado brillaba, y sus garras afiladas destellaban con ferocidad. La batalla comenzó con furia. Elara se lanzó hacia los vampiros, su agilidad y velocidad sorprendieron incluso al beta, había escuchado que era bastante buena en la lucha pero verla personalmente era otra cosa. Esquivaba los ataques con gracia, aprovechando cada oportunidad para contraatacar. Sus garras encontraban su objetivo una y otra vez, haciendo retroceder a los vampiros con cada golpe. El beta luchaba a su lado, su fuerza bruta complementando la habilidad de Elara. Juntos, formaban un equipo formidable, derribando vampiros con eficiencia. Sin embargo, la lucha era intensa, y pronto se vieron rodeados por enemigos. La loba tuvo una idea, aunque arriesgada , se suponía que los salvajes siempre estaban en las sombras, tal vez alguno se uniría al llamado de la batalla contra chupasangres por el mero entretenimiento. Elara rugió, llamando,en busca de ayuda. La lucha siguió sin disminuir en intensidad. Pero pasados unos minutos,desde la oscuridad del bosque, otros lobos surgieron, uniéndose a la batalla con ferocidad renovada. La balanza comenzó a inclinarse a su favor, pero los vampiros no se rendían fácilmente. Elara luchaba con determinación, cada golpe alimentado por su deseo de proteger a su primo y a su manada. Su corazón latía con fuerza mientras se sumergía en la batalla, su mente enfocada en una sola cosa: la victoria. Finalmente, los vampiros retrocedieron, derrotados y dispersos. Elara miró a su alrededor, respirando agitadamente, pero con una sonrisa triunfante en su rostro. La camioneta había sufrido daños, pero seguía en pie, lista para continuar su viaje hacia el castillo del rey. El beta se acercó a Elara, su mirada llena de respeto y admiración. Juntos, se ayudaron mutuamente a sanar sus heridas, compartiendo un momento de camaradería después de la batalla. —Nada mal..—el Beta admitió después de ver los pocos rasguñones que presentaba la hembra. —lo mismo digo...— De inmediato los lobos salvajes se perdieron entre la vegetación, dejando atrás una batalla bastante entretenida que no había tenido saldo negativo para los lobos. —Pensaba que los salvajes solo velaban por sí mismos —Sebastian dijo sorprendido. —Si los llamas y quieren venir supongo que pueden hacerlo— el beta no entendió lo que ella quiso decir , estaba seguro que si él los hubiese convocado ni se habrían molestado. —Gran recurso. Con renovada determinación, Elara y el beta se subieron a la camioneta y continuaron su viaje hacia el castillo del rey. Sabían que aún les esperaban desafíos ,los vampiros atacaban cuando se les daba la gana y nadie podía detenerlos. Y así, ya en la plena oscuridad de la noche ,con la luna brillando sobre ellos, Elara y el beta siguieron hacia su destino, listos para enfrentar lo más difícil, a el Rey Zar Stone.
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