Lucius se impactó con lo que vio. No quedaba nada de la mujer dinámica, hermosa, alegre y activa que conoció cuando lo ayudó. Ahora se la veía desaliñada, triste, apagada. Detrás de ella se oyeron gruñidos y a la vez se notaban unos ojos dorados y otro color rojo mirándolo furiosos. Eran los otros amigos de Cassandra que reaccionaron al distinguir al causante del sufrimiento de su amada amiga y compañera. Lucca se puso delante de su novio en forma defensiva mirando a los demás y advirtiendo. —¡Déjenlos hablar! ¡Esto es entre ellos dos! ¡no se entrometan! Sin embargo, las voces alteradas de ellos se escucharon reclamando. —¡La lastimó! ¡Ella quedó devastada! —¡Se desapareció sin decir nada! —¡No le importó nada lo que ella hizo por Él! —¡Ni una llamada! ¡ningún mensaje! Lucius estaba
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