El rostro del pasado

1842 Palabras

La noche era fría, como si el viento que golpeaba los ventanales trajera consigo presagios. En la oficina del ala este de la mansión, Edrick se mantenía de pie, de espaldas al mundo, observando las luces lejanas de la ciudad mientras el humo de su cigarrillo ascendía lentamente. Sus ojos, oscuros y alertas, parecían fijos en un punto invisible más allá del cristal. Había salido de la cama sin hacer ruido, sin alterar la respiración de Aysha. No podía dormir. No mientras la certeza de que algo se avecinaba lo carcomía por dentro. El clic de la puerta interrumpió el silencio, y Santiago, su más leal colaborador, cruzó el umbral con paso seguro, sin necesidad de que lo invitaran. —Buenas noches, señor. Disculpe la hora, pero acabo de recibir una llamada —dijo con voz grave y medida—. La tí

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR