Una semana después... La mañana comenzaba entre risas y confidencias. Amanda, fiel entusiasta del chisme matutino, no perdió oportunidad para abordar a Aisha apenas se sentaron a desayunar en la galería. —Ay, qué placer tenerte de vuelta en casa. Ahora ven, que quiero que lo cuentes todo. ¿Qué tal esa luna de miel? ¿A dónde fueron? El ambiente era ligero. Las hermanas de Aisha, aún de visita en la ciudad, compartían esa complicidad que solo se forja en la infancia. En el fondo, el padre de las chicas y la tía, como dos estrategas veteranos, debatían sobre los negocios con el tío Giorgio. Había posibilidades de expandirse hacia Rusia, o al menos eso insinuaban las nuevas alianzas en la mesa. Edrick, por supuesto, había sido invitado a formar parte de esas negociaciones, y el padre de Ais

