- Estoy bien – dijo tranquilo – como te decía, la destruyó por dentro, con mi abuelo no podíamos opinar nada, porque no nos dejaba, hasta que un día el maldito, después de robarle todo lo que podía, la dejó – intentaba por todos los medios que no lo afectara demasiado – mi mamá se vino abajo en ese mismo instante, no salía, no comía, no hablaba, fueron meses desesperantes para nosotros, no podíamos sacarla de la depresión, si no era por mi abuelo hubiera sido peor para mí. Un día volvíamos de una partido de tenis y nunca voy a olvidarme lo que vi – cerró los ojos y la imagen que lo perseguía desde entonces apareció – entramos al cuarto de mi madre y ella estaba en la bañera llena de sangre, con los ojos abiertos sin vida – no se dio cuenta cuando las lágrimas habían comenzado a salir hasta

