- No voy a comer eso – decía Victoria alterada, Valentín ya estaba cansado de ofrecerle los alimentos que había en su casa. - No hay otra cosa – dijo molesto comenzando a comer él los huevos revueltos con queso. - Seguro lo envenenaste – dijo la chica, el blanqueó los ojos, tenía ganas de golpearse la cabeza contra la pared, no recordaba en que momento le había parecido una buena idea ayudarla. - Si, tiene veneno por eso lo estoy comiendo – habló irónicamente - ¿siempre eres así de tonta o es por la hora? - No soy tonta – dijo molesta y acto seguido, luego de considerar que él tenía razón le arrebató el tenedor y comenzó a comer, el suspiró, no le quedaba otra que armarse de paciencia, la chica estaba loca. Al acabar ella corrió a la habitación dejándolo con los platos sucios, de muy

