Mi dedo pulgar acaricia sus cejas, sus ojos cerrados, su cuerpo aferrado al mío, suspiro al verla, suspiro al ver lo hermosa que es al momento de dormir. Siempre es la primera en dormirse, y yo siempre espero para verla un rato dormir, su respiración calmada, el calor de su cuerpo junto al mío. Acostados junto a la chimenea, con una cama improvisada por ella, de cojines y edredón, moviéndose me da la espalda, mi pecho sintiendo su piel, su hermoso trasero haciendo contacto con mi entrepierna. Se mueve más, se pega más a mí, cierro mis ojos, por la consiente tortura que me está haciendo, mi mano aprieta su muslo, intento detenerlo, pero la repentina risita me avisa que ella sabe lo que está haciendo. –Con que sigas haciendo eso, juro que no le perdono, señorita Evak... –mi voz ronca, su r

