La chica rubia prácticamente estaba colgada de Carlos, mientras que este la abrazaba como si su vida dependiera de ello. En esta situación mi cabeza estaba a punto de reventar. Primero la madrastra de Carlos me amenaza y después una chica desconocida lo abraza como si fuera su novia. Al parecer esta noche todo está en mi contra. Suerte la mía… —¡Jacqueline! ¡Es un gusto que estés aquí! — Madison se acercó a donde se encontraban ambos, apenas se comenzaron a separar. —Pará mí también es un gusto verte—la chica rubia se acercó a Madison y la abrazo. Regresando con Carlos, el tenía una sonrisa en su rostro. Maldita sea, pensé que conmigo solo sonreía así. —Señor Morgan, es un gusto verlo de nuevo. El padre de Carlos solo asintió, la rubia, Jacqueline, de nuevo volvió con Carlos.

