CAPÍTULO 5

2507 Palabras
Apenas llegamos, estacionó frente a la casa. Se bajó y me bajó, casi a rastras, de la camioneta. Cómo me negaba a entrar, resolvió cargarme en su hombro, cual saco de papas. Entró y subió las escaleras hasta dejarme en la cama de la habitación de Javier.   —Te vas a quedar aquí —Richard caminó a la puerta, la aseguró y se acercó a la puerta del balcón para asegurarla también— No quiero sustos, molestias y mucho menos gritos —Amenazó. —¡No quiero estar aquí! ¿No entiendes que ésta casa me hace daño? —Mis lágrimas corrían por mis mejillas. —Lo sé, y no me importa. Te vas a quedar aquí hasta que leas ese sobre —Apuntó al cajón donde estaba aún guardado. —Creo que te saldrán raíces de tanto esperar a que eso suceda —Fue mi respuesta haciéndole entender que no lo leería. —Ana… —¿Cuál es tu empeño en que lea eso? —¡Para saber qué vas a hacer con todo esto y qué harás conmigo! —Quedé perpleja ¿Qué debo hacer con él? ¿Qué se supone decía allí sobre él? Froté mi frente frustrada. —Hagamos un trato —Le propuse ya cansada de todo el asunto— Busca en las hojas donde dice eso y yo lo leeré —Negó con la cabeza— ¡Bien! —Exclamé ya harta— Si me obligas a leerlo no haré absolutamente nada de lo que allí se diga. Prefiero que me dejes en paz y no verte nunca más —Amplió sus ojos— Éste asunto me tiene harta ¡Harta! —¿Harta? —Murmuró fingiendo confusión— Harto estoy yo de tener que lidiar contigo, actúas como una maldita adolescente ¡Mírate! —¡GRANDÍSIMO IMBÉCIL! —Grité furiosa— ¿NO TE DAS CUENTA QUE YA TODO ESTO TERMINÓ PARA MÍ? —Richard se acercó a mí tan rápido que no tuve tiempo a reaccionar. —No, esto apenas comienza para ti.   Sujetó con fuerza mis hombros y me miró con sus cejas hundidas, no dijo nada. Mantuvimos la mirada hasta que comencé a llorar, él me besó. No correspondí a su beso, solo lloraba. Permanecí inmóvil mientras él continuaba su beso. Se apartó ligeramente y me miró de nuevo, esta vez, su mirada no era severa.   —Sé que lo extrañas —Murmuró con una voz tranquila— Yo también lo haría si hubiese sido propiedad de Javier —Me reí sólo con imaginarlo. Él besó mi frente y me abrazó— No quiero ser igual que él, no quiero recurrir a la violencia y obligarte a leer esos papeles. Pero debes entender que yo soy una pieza clave allí y debes leerlo para saber cuál es tu papel a partir de ahora. —Dímelo tú —Sollocé en su pecho— No quiero su voz en mi cabeza. —No es mi deber hacerlo —Besó y acarició mi cabeza— Si yo lo hago, faltaría a mi promesa. —Bien, sólo leer una hoja —Dije de mala gana— No más. —Respeto tu decisión —Buscó el sobre y me lo entregó. Lo miré fijamente y lo abrí.   Dentro había una serie de hojas, pensé que si era un testamento, era muy extenso, tomé la primera hoja y cerré nuevamente el sobre. Lo guardé en el cajón y me senté en la cama para leer su contenido. Mis manos temblaban un poco, estaba nerviosa con lo que podría encontrar en sus palabras. Al parecer había acertado con la hoja indicada. A primera vista leí el nombre de Richard un par de veces. Centré mi atención en el primer párrafo y comencé a leer en mi mente.   «Mi amada Anacondesa. Estoy cien por ciento seguro que estás llorando ahora… —Comenzaba diciendo— ¿No y que me odiabas con todas tus fuerzas? —Me parecía escuchar su voz claramente— Deberías estar escupiendo mis cenizas justo ahora… o no, espera, le dije a Richard que las arrojara donde él quisiera pero que fuese un lugar en el que tú no pudieses encontrarlas para escupirlas, sólo espero que no elija arrojar mis cenizas al lago, sería un asco… —Sonreí y miré a Richard.   —¿Qué hiciste con las cenizas de Javier? —Pregunté de pronto. —Las arrojé a las aguas sépticas que tenemos por lago—Me reí a carcajadas y él ladeó su cabeza confundido— ¿Qué te hace gracia? —Javier le atinó al lugar —Dije entre risas. —No, no lo hizo, aún no cumplo esa promesa porque quería que me ayudaras a escoger un buen lugar… —¡Seguro! —Dije contenta— ¿Qué tal si las arrojamos al pozo séptico de acá de la casa? —Richard levantó una ceja. —No me hace gracia, él era un hermano para mí —Regresé la mirada al  papel— Además, a ti te destrozaría saber que terminó allí —En parte era cierto, pero no respondí. Continué con la lectura.   …Agradezco que nunca me dijeras que sí me amabas, y me sigues amando, porque me hubiese convertido en un ser empalagoso y vainilla (¡qué asco!) —Levanté mis cejas y rasqué una de ellas con mi dedo meñique— Pero vamos al punto de inicio, basta de rodeos, El primer encargo para ti es mi mejor amigo y hermano, Richard. Dime algo ¿Qué harás con él? Sé que te quiere tanto como yo, y separarse de ti causaría estragos en él —Solté el papel y cubrí mi rostro con mis manos. Volví a leer— Sí, es lo que piensas, pero no es sustituirme, sino continuar con esa relación extraña que ya teníamos ¿La recuerdas? Eso fue hace apenas un par de días aproximadamente, ¡no te hagas la tonta conmigo! —Me dejé caer de espaldas en la cama y flexioné mis rodillas para apoyar mis pies en el borde de la cama— Podrías darle una oportunidad, estoy seguro que te cuidará mejor que yo, anda, no seas malita, di que sí… y… Con respecto a Goyito, no tengo nada que decirte, él sabe que es libre de hacer lo que quiera porque ya no estoy para atormentarlo y su asunto pendiente nadie más que yo, lo sabía. Por mi parte, tú también eres libre de hacer lo que quieras de ahora en adelante, solo no olvides que cuando yo te llame, es porque estoy cerca y deberás volver a mí antes de que yo vaya por ti porque… no tendré piedad contigo.»   — Vaya libertad la que me dejas —Resoplé— Mejor dime que solo estoy de vacaciones —Richard me miró y se acercó a mí hasta quedar de pie frente a mis piernas.   Se quedó allí, mirándome fijamente y lo que hizo a continuación, me dejó sorprendida. Sus manos tocaron el borde del vestido, antes de darme cuenta, rasgó la falda, apoyó sus rodillas en la cama, se acomodó entre mis piernas, acercó su boca a mi boca y su mirada encontró la mía.   —Te dije que te arrancaría la ropa —Ladeó un sonrisa pícara y me dio un beso rápido—  Dime qué dijo él —Su voz era más una súplica. —Literalmente me ruega que me quede contigo —Su mirada parecía brillar de alegría — Pero no estoy segura, ni me siento lista —Richard hizo un puchero con sus labios — No me mires así, estar contigo es sentirlo a él cerca, eso me lastima. —Entiendo… pero… —Sus labios se adueñaron de los míos en un beso tierno que se fue intensificando hasta casi devorarme — Haré que cambies de opinión.   Sus manos se deslizaron por mi cuerpo hasta romper el resto del vestido y su boca se centró en mis senos sin darme cuenta en qué momento comencé a hacerlo, mi boca expiraba jadeos y mis manos se aferraban a sus brazos. No quería que se apartara de mí, pero tampoco quería quedarme cerca de él. Sus manos encontraron mi abertura, se apresuró a hacerme delirar con sus desenfrenadas caricias y me arrancó varios gritos de placer.   —Dime ahora que te alejarás —Su voz grave me resultó tan excitante. —Si lo haré —Jadeé. Sus dedos entraron en mí y bailaron al ritmo de nuestros latidos. —Sabes que yo te amo —Se acercó a mis labios sin dejar de mover sus dedos dentro de mí— Al igual que lo hizo tu dueño. —También te amo, pero no quiero seguir con esto… —¿A qué le temes? —A depender de esto —Besé sus labios— A depender de ti para sentirme segura y encontrar el placer. —Esa es la idea —Sacó su m*****o y se hundió en mí— Que seas mía y que nadie más que yo sea capaz de llevarte al cielo y luego arrastrarte al infierno —Ladeó una sonrisa— Varias veces lo hicimos ¿O no? —Sonreí y él me dio una fuerte estocada con su v***a, haciendo que mi cérvix doliera— Tu masoquismo me provoca y tus gritos me hace delirar.   A Richard le gustaba el sexo rudo, fuerte, sin importar si destrozaba las cosas a su alrededor por su arrebato. Los golpes que me daba con su v***a eran demasiado fuertes, cuando se arrodillaba y abría mis piernas, podía ver que mi vientre se levantaba ligeramente cuando entraba hasta el fondo de mi v****a.   —¡Ay! Richard, me lastimas —Gemí adolorida. —Dime que ya cambiaste de opinión —Ladeó una sonrisa pícara mientras sacaba su m*****o. Negué con la cabeza— ¿No? —Volví a negar— No me hagas enojar— Volví a negar, él apuntó su glande en mi culo— ¿Qué me dices ahora? —Volví a negar y él ejerció presión hasta adentrarse totalmente. Mis gritos no lo detuvieron— Dime ahora ¿Serás mi puta? —Pude ver en su mirada cómo se acumulaba su rabia, aun así, me atreví a negar de nuevo— ¿Prefieres que te obligue? ¿Ah? ¿Igual que lo hizo Javier? —Ahogaba mis gritos a la vez que trataba de alejarlo de mí— ¿Te gusta así?   Era como pelear contra Godzilla. La fuerza que ejercía contra mi cuerpo me dejaba paralizada. Sus movimientos comenzaron a hacerme delirar, mis gritos ahora eran de placer, ruegos, maldiciones y gemidos resonaban en la habitación hasta que mis piernas comenzaron a temblar, sentí que perdí el control de mi cuerpo y él cayó sobre mí sin fuerzas. Luego de algunos minutos él se apartó y buscó mi mirada.   —¿Tienes hambre? —Sonreí. Sólo él podía hacer esa pregunta— Eso es un sí. Pediré pizza —Se puso en pie y fue al baño. Minutos después, tomó su móvil y salió de la habitación.   Permanecí inmóvil mirando el techo. Mi mente divagó entre los recuerdos de Javier y los de Richard. Tan similares y diferentes a la vez pero ambos me hacían enloquecer de la misma forma e intensidad. Richard regresó y traía consigo un vaso con agua y una pastilla, me la ofreció y la tomé sin preguntar, asumí que me daría algún anti inflamatorio igual que acostumbraba a hacerlo luego de las sesiones con Javier y él. Estaba agotada, quería descansar porque sabía que él me haría suya de nuevo. Me dejó sola de nuevo.   Luego de treinta minutos, mi cuerpo comenzó a sentirse ligero; tan ligero que casi no sentía mis extremidades y apenas podía moverme.   «¿Nos sedó?» Murmuró mi mente. Aparentemente así había sido «Pero… ¿Qué razón tiene para hacerlo?» Preferí no pensar en eso y disfrutar la sensación de ligereza que estaba experimentando. Hacía muchos días que no experimentaba ese nivel de relajación y quería disfrutarlo.   No sé cuánto tiempo había transcurrido, desperté sintiendo un ligero dolor en mis hombros y algo tensaba mi cabello hacia atrás. Abrí mis ojos y parpadeé varias veces pero no pude ver nada. Todo estaba en total oscuridad. No pude moverme mucho, parecía que estaba de pie, pero mis piernas estaban separadas por una barra atada en mis tobillos, permanecían abiertas, sentía mis senos atados con fuerza, me dolían. Estaba inclinada hacia adelante con las manos hacia arriba sobre mi espalda. Me costaba articular alguna palabra, necesitaba llamar a Richard.   «Tal vez es un efecto secundario del sedante» Murmuró mi mente. No estaba segura pero continué tratando de llamar a Richard.   —¿Richard? —Susurré. No obtuve respuesta— ¡Richard! —Logré decir, pero nadie respondió— ¡RIIICHAAARD! —Por fin pude gritar.   Escuché unos pasos acercarse. Me sentí tranquila al saber que él estaba allí. Unas manos heladas acariciaron mi cuerpo. Eran demasiado frías para ser las de Richard, él siempre tenía sus manos calientes. Hundí mis cejas ¿Quién sería? Las manos continuaron su recorrido hasta acariciar mis nalgas. Una luz se encendió, una pequeña vela detrás de un sofá, apenas iluminaba la habitación ¿Dónde estaba? Esa no era la habitación de Javier y tampoco era otra de la casa. Miré a mí alrededor tratando de ver quién era la persona que me tocaba. Sentí que las manos abandonaban mis nalgas y se acercaban hasta mi rostro. Una sombra se situó delante de mí, no podía distinguir la silueta, se acuclilló hasta que su rostro quedó frente al mío. Definitivamente no era Richard. Otras velas fueron encendidas, entonces vi a Richard encendido las velas, me quedé observando lo que hacía y olvidé mirar a la persona frente a mí. Cuando recordé hacerlo me encontré con el rostro sonriente de Javier. Hundí mis cejas, lo miré, cerré mis ojos y sacudí mi cabeza.   —¿Richard? —No abrí mis ojos. —Aquí estoy —Escuché su voz lejana. —¿Me drogaste? —Necesitabas descansar… —Estoy alucinando, Richard —Me quejé. —Es normal —Dijo tajante— ¿Qué ves? —A Javier frente a mí —Dije sin más. Escuche sus pasos aproximándose. —¿De tantas cosas que podías alucinar? —Se burló— Abre los ojos —Los abrí y mis ojos encontraron la mirada oscura de Javier. —Sigue aquí, frente a mí —A ver, cierra tus ojos de nuevo —Escuché susurrar algunas palabras y luego varios pasos— Abre tus ojos ¿A quién ves ahora?   —A un idiota manipulador —Ladeé una sonrisa y ambos rieron a carcajadas.   —Vaya que ha dicho una verdad absoluta —Dijo Javier entre risas.   —Por favor, Richard, dime que esto es un sueño, no es real —Supliqué casi sollozando.   —Tranquila —Besó mi frente y me miró fijamente a los ojos— Todo va a estar bien.
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