─Señor Argento. ─suelta con asombro el abogado poniéndose de pie, llevando su mirada a la puerta. ─Respira, solo respira. ─dice Edward pasando junto a Ángel, que aún está en el suelo con Bárbara intentando ayudar. Camina sin siquiera regresar la mirada, toma el vaso con hielo y whisky que está en la mesa, tira el licor en el suelo y coloca los hielos en sus manos. Ángel apenas puede respirar por todo lo que pasa por su mente, el dinero que necesita para pagar la indemnización, el dinero que no tienen, todo lo que debería cambiar y perder ahora que tiene una demanda en camino, como esto podría afectar a sus hijos, ¡oh por Dios!, ¿cómo podrá afectar todo esto a sus hijos? Con la mirada perdida, apenas puede respirar, sus labios están tomando un color grisáceo verdoso, muy alejado del

