Un severo escalofrío recorre por todo su cuerpo iniciando desde sus pies, hasta que ve a Edward cruzar la puerta con una bata dorada en sus manos. Su mundo entero se paraliza, mientras una oleada enorme de emociones la deja caer sobre la cama. ─No estoy lista... ─balbucea apenas logrando respirar. ─No tiene que estarlo. ─le ofrece la bata. ─Tiene diez minuto para ponerse esto, yo esperaré aquí. ─dice sentándose al filo de la cama junto a ella, lo que la hace levantarse de un brinco. Camina lentamente hacia la dirección que señala Edward, abre la puerta y da con una habitación de baño realmente amplia, aunque únicamente está iluminada por una luz cálida que proviene de una vela, no es sino hasta que cierra la puerta del baño que nota que realmente no es una vela, es una delgada y muy rea
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