La costumbre es más fuerte que el amor, o eso dicen. ¿Que si yo estoy de acuerdo?, pues sí, aunque no tengo alarma, ni un gallo que me cante al oído, y no hay nada de ruido por ningún lado, me he despertado, al ver mi teléfono, son las seis de la mañana. ¡¿No sé a qué hora me acosté?!, mucho menos como llegue a la cama, —mira sus pies. — ¿sin zapatos?
Angel se levanta de la cama algo tambaleante, aún el alcohol está en su cuerpo, no reconoce la habitación, pero está vestida y eso es un alivio para ella, sobretodo porque no está en su casa.
Toma su par de tacones y camina sosteniéndose de la pared para no caer, aún si cabeza da vueltas, sus manos están frías y siente la boca seca.
Tanto como camina escucha voces, de inmediato se siente avergonzada. Camina intentando no hacer ruido hasta saber de quienes son las voces. Al llegar a las escaleras se aferra fuerte al barandal dorado, pero sus manos frías sudan mucho y al contacto con el barandal resbala y causa un chirrido que se escucha por todo el lugar, interrumpiendo las voces, llamando toda la atención a ella.
Fernando, y una pareja de personas encanecidos voltean a verla.
—buenos día. —dice arrugando el entrecejo avergonzada.
—Buen día. —dice la señora, mientras el señor asiente y Fernando se limita a cruzarse de brazos.
—no tienen..., una disculpa, por el ruido yo...., no fue mi intención... —balbucea haciendo ademanes por doquier.
Fernando intenta no reir con la manera de actuar de Angel, pero las comisuras de sus labios arqueadas pese a sus esfuerzo por no hacerlo, lo delatan.
—Es amiga de Karina. —dice y su madre asiente con una sonrisa.
—No tiene que irse tan temprano, descanse hasta que se sienta mejor. —dice el señor.
—Gracias..., pero ya es tarde para mí en realidad... —mira nerviosa la escalera mientras intenta bajar las escaleras sin rodar por las escaleras. —Tiene una casa muy linda, por cierto. —dice intentando verse amable.
—Gracias, pero mi esposo tiene razón, es muy temprano, y a juzgar por la música y el reporte de los vecinos, no ha dormido más de un par de horas.
—Ah, si... —da unos pasos hacia ella sin dejar de ver a las personas mayores frente a él. —Ellos son, Sandra y Adrián Villanueva, mis padres. —los señala. —Y la señorita es...
—Señora. —lo corrige aún avergonzada.
Él, enarca una ceja y carraspea un poco por la molestia antes de continuar.
—Ella. —enfatiza con disgusto. —es Angel, la amiga de Karina y de Sabrina.
—Ah. —asiente Sandra un poco más familiarizada. —pero, ¿eres amiga nueva verdad? porque ha Sabrina la conocemos hace un par de años atrás, y a ti es la primera vez que te veo..., pero aparece que eres una persona muy agradable. —sonríe acercándose a ella.
—Soy amiga de Sabrina desde hace varios años ya, pero de Karina, ciertamente es muy reciente, pero ella es una persona muy agradable, y muy amable al invitarme, en verdad lo agradezco. Y disculpe sí estoy en estas fachas... —se mira a si misma avergonzada. —pero no tenía planeado quedarme, y ya me voy. —insiste una vez más a la puerta. —Disculpe..., ¿sabe dónde está Sabrina? —pregunta al ver el sillón en el que la vio la última vez vacío.
—Sabrina está en la otra habitación de invitados, aún duerme. Insisto, deberías quedarte un poco más, desayunar algo y luego ir con ella. dice Fernando con tono de voz muy seco.
—me encantaría, pero tengo responsabilidades y tengo que irme, pero muchas gracias. Ustedes son muy amables, la casa es muy linda, y todo estuvo muy bien anoche, es a la mejor fiesta de cumpleaños que he asistiendo, así que...., muchas gracias, y.... muchas gracias. —dice saliendo de la casa de una vez por todas.
Puede escuchar a los padres de Karina y a su hermano hablar entre ellos, pero camina tan rápido fuera que no logra entender lo que dicen, ya que no hablan muy alto y ella camina tan rápido como puede hasta llegar o enorme jardín, mira a ambos lados, ya que no sabe por dónde salir, recuerda la noche anterior, recuerda la manera en la que llegaron.
Recuerda un muy largo camino para llegar a la puerta principal, que en realidad más que la puerta, es un enorme portón color bronce.
Escucha el rugir de la moto que tanto la atemorizó en su momento, antes de voltear siquiera, está yace con su conductor frente a ella.
—Sube. —dice sin siquiera mirarla.
—¿Y tú te crees que yo me voy a subir a eso? —señala con cara de fuchi. —No gracias. Quiero vivir. —continua su camino.
—Si vez la puerta pequeña. —se interpone de nuevo. —es porque está a varios metros, eso, sin contar llegar a la entrada principal de la residencia, además de llegar a la carretera principal, te tomará más de una hora caminado, o más, si continúas descalza. —dice está quitándose el casco.
—Anda en carreras clandestina, y seguramente la policía tiene ubicada la placa, modelo y color de eso... —señala la motocicleta. —y si me ven ahí montada, pensaran que soy cómplice. —dice planea seguir su camino, pero el se baja.
—Disculpa. —dice parándose frente a ella. —el que la policía está tan cerca de atraparme en una de las carreras, sabiendo que eso puede perjudicar mucho mi padre me puso muy nervioso. Son solo carreras clandestinas, no es un asesinato o desfalco, o algo parecido. No soy un delincuente, ni un criminal, simplemente soy alguien que corre motos, y no le gusta mucho las reglas, además intento ser amable contigo, si eso sirve de algo. Por favor súbete a la moto, ¡ahora¡, o mi madre va a enojarse mucho, porque conduje en su césped. —dice mirando en dirección del casa, pero Angel no lo hace.
—Lo siento mucho, en verdad lamento si el hecho de que amenazaran y golpearán entre muchos después de acosar e intimidar a un taxista, mientras yo me dirigía a mi casa me pareció algo que solo haría un delincuente, y una vez más gracias por la hospitalidad de su casa, al igual que la de su hermana, pero no gracias a la invitación a subir a su moto. —dice tomando postura defensiva.
—Esto es tan ridículo... —niega con la cabeza mirando a todos lados, mientras rasca su barbilla. —intento disculparme de todas las maneras posibles, por haberla asustado. No sé cuál es su casa, no sé dónde está su casa, ni siquiera sabía su nombre antes de que mi hermana lo dijera anoche, lamento lo que dije. La verdad es que encontré el teléfono en el suelo, lo tomé y lo guardé, ya que quería devolverlo a su dueño asumiendo que era usted, entonces me di cuenta que no tenía mi billetera y tuve que improvisar. Esperar que saliera del lugar para seguirla, no esperaba que lo hiciera enseguida tomando en cuenta que aún me seguía la policía. —Se explica con un tono condescendiente. —podria subir, ¡por favor! —insiste una vez más, esta vez por todo un poco más suave.
—No me gustan las motos, me dan miedo. —empieza a verse demasiado vulnerable y cambia su postura, a modo defensiva. —Y no le confío a cualquiera mi vida. Andar por la vida en una motocicleta es una de las cosas más riesgosas, sin importar si vas forrado un traje de metal.
—¿como un personaje de cómic?, ¿cómo Ironman? —pregunta por impulso.
—sí, algo así, aunque con esa pinta del niño malo y quela vez parece ser alguien muy amable, diría más que se parece a "H" —musita poniendo los ojos en blanco.
Las comisuras de sus labios empieza a formar una pequeña curva muy lentamente al escuchar lo que ella ha dicho, mira con disimulo mordiendo sus labios intentando que no se note lo mucho que le ha causa gracia.
—Lamento decirle señora. —enfatiza en el "señora". —decirle que no es la primera persona que me compara con un personaje como él, pero no, no tengo traumas familiares, mi madre es una mujer increíble y mi padre también, hasta donde sé tienen un increíble matrimonio de casi 50 años, así que no es el caso, y yo no voy por la vida de rebelde, e impulsivo queriendo matar gente en una motocicleta, solo me gusta la velocidad, normal como cualquier otra persona.
—bueno, señor, ¡normal!—hace la comillas con sus dedos. —como cualquier otra persona, si no le importa tengo largo camino que recorrer y no no pienso subirme a eso. —dice una vez más la motocicleta y continúa su camino.
Fernando es un hombre guapo, muy atractivo, con facciones tan marcadas que lo hacen increíblemente sexy, y hasta ahora un caballero, además de muy amable, pero además de todas esas virtudes, una de ellas es la perseverancia o cómo diría su hermana, es terco.
Así que no se dará por vencido, se sube a su motocicleta, se pone su casco y se da la vuelta hacia su casa.
Ángel, claramente está algo desilusionada o decepcionada, porque asumió que él insistiría en llevarla sin importar cuánto ella se negaran. Después de mucho tiempo es agradable sentir que alguien intenta hacer algo bueno por ella, aunque también está la duda de que le quiera hacer algún tipo de daño, porque todavía lo considera un delincuente, aunque mientras más habla con él más tambalea su idea de que NO es un delincuente.
Regresa a ver por unos segundos y ve como él se aleja con su motocicleta, sabe que después de todo, consiguió lo que quería, que era que la dejara sola, caminando tan rápido como pueda.
Ahora lo único que quiere es salir de esa casa, lo más rápido posible, pero tan pronto acelera el paso escucha un auto acercarse, asume debe ser el señor y la señora que le han presentado saliendo de la casa.
—Es un auto, tiene cuatro ruedas, estable para manejar, recién cambiado el aceite, tiene suficiente gasolina, y no, nadie va a estallar, tiene cinturón de seguridad y todas las medidas necesarias para mantenerte salvo hasta llegar a casa. Sube, por favor —Insiste bajando del auto.
—¿Por qué insistes tanto en llevarle?, ¿cuál es tu interés por conocer donde vivo?, ¿acaso piensas hacer algo conmigo? —dice ya a la defensiva. Muy dentro de ella, eso era lo quería, que el continuará insistiendo, pero a su ve, le daba miedo tanta insistencia.
—Mi único interés en este momento es dejarte en la puerta de tu casa, o lo más cercano a ella, para cuando despierte y este totalmente sobria, asegurarle a mi hermana de que una de sus invitadas llegó a su casa a salvo, sana y sin ningún rasguño. Además, porque mi madre me lo ha pedido, ¡corrección!, me lo ha ordenado. Así que por favor, ¿puede subir? —abre la puerta para ella.
Por un par de segundos, mira hacia la casa y puede ver a lo lejos como las personas que él ha presentado como sus padres están en la entrada, después de lo que le ha dicho, los ve allí, parados , y a él de pie junto a la puerta que aún sostiene abierta. Mira el auto por dentro, se ve impecable, mira a sus pies y le duelen demasiado como para continuar caminando. Tal como lo ha pedido Fernando ella lo hace, sube al auto con sumo cuidado, sin siquiera voltear a verlo y se sienta en el asiento del copiloto.
—gracias señora. Es usted muy amable. —suelta con una sonrisa falsa, cerrando la puerta muy despacio.