Pero mi casa, o más bien la que nos prestaba el ejército se quedaba solitaria cuando mi padre era destinado a una misión, o, aunque fuese a un entrenamiento, y mi madre tenía que salir para alguna de sus exposiciones. En aquellos momentos no me sentía el hombre de la casa tal y como esperaba mi padre de mí, sino que me sentía abandonado a mi suerte, y además con la responsabilidad de cuidar a mi hermana, únicamente porque era menor en edad a mí. Menos mal que no hubo ningún incidente destacable, bueno, un día en la piscina, en que casi se ahoga mi hermana mientras yo me quedaba congelado no sé si de la impresión o del miedo, menos mal que un joven soldado la sacó de ahí y la reanimó. Bueno, ese incidente y otros menores, como quemar alguna cosa de la cocina, que se nos derramase la comi

