Ansel podía sentir sus labios hormiguear suavemente de tanto beso que estaba compartiendo con su alfa, pero aun así, el omega no quería detenerse, simplemente, no lograba tener suficiente del sabor de León, de la calidez de su boca, de los movimientos de sus belfos, de... Todo él. El intoxicante aroma almizclado de coco con un toque a limón inundaba las fosas nasales del omega, llenando sus pulmones de tan maravillosa esencia perfecta. Y en lo único que podía pensar Ansel, era en que quería más, deseaba sentir más, anhelaba... Sentir nuevamente la calidez completa de León, de sus labios y manos adorando su cuerpo tan dulcemente como aquella tarde. Gimiendo suavemente ante el recuerdo de aquel momento tan hermoso en el cual su hijo había sido concebido, Ansel sintió una especie de calor

