Capítulo 6

1424 Palabras
Es de tarde cuando termino de alistarme para ir esta noche al club. Me duche luego de trabajar casi toda la mañana con bombita, Milo y Stellan en el depósito, acomodando tantas cosas viejas y olvidadas. Luego me vestí con lo que suelo usar normalmente para pasar la noche en el club. Una camisa negra arremangada con los primeros botones desprendidos, y un jean suelto. El n***o es el color que suele predominar en toda mi ropa. Podría decirse que el unico rasgo de color que llevo encima es el celeste de mis ojos, que son un rasgo distintivo de los Marshall. Mientras salgamos con ese color de ojos, no es necesario una prueba de paternidad. Antes de salir de la habitación tomo mi celular y las llaves de mi camioneta. Le hecho un último vistazo para asegurarme de que todo está mínimamente acomodado, para cuando regrese en la madrugada con compañía. Bajando por las escaleras me cruzo con Dexter en la punta de está, mientras toma agua de su botella. Lleva su musculoso y bronceado torso al descubierto, y está todo sudoroso, dado que sigue arreglando el desastre que el mismo ocasiono. Me dedica una sonrisa seductora al percatarse de mi presencia. Silba. - Pero que sexy jefecito. ¿Quién será la afortunada está noche? - Deja de tirarme flores, que sigues castigado. - Anda, ¡Es sábado! - se queja. - No me hagas quedarme aquí un sábado a la noche. - Para ti no hasta que no termines con tú tarea castigo. No quiero ver un solo hueco cuando regrese. - sentencio. - Y dile a Milo que hoy tiene que cubrir su turno, que lo espero en el club en unas horas. - me encamino hacia la salida. - Ross y Emiko tienen guardia en la morada, los demás la noche libre. - Está bien. - dice desanimado. Una vez afuera, me subo a la camioneta y comienzo a conducir hacia el portón de la entrada. Al apartar mi mirada por un segundo hacia el costado de la ventanilla lo distingo al pasar. Chasqueo la lengua, irritado. Allí está de nuevo Forrest Gump, queriendo ir caminando por la vida con sus converse naranjas. Una vez que los chicos terminaron de acondicionarle la bicicleta, no tardaron en ir a buscarlo para dársela. Los tres llevaban unas enormes sonrisas y un brillo en sus miradas que reflejaban mucha ilusión. Parecían unos padres dándole un regalo a un niño. Si va a resultar que los que vamos a terminar adoptando al Hyun menor vamos a ser nosotros. Detengo el auto y me bajo de este. Me doy la vuelta y me acerco hacia él. - Mierda... - llego a oír que susurra cuando se percata que camino en su dirección. Se detiene y percibo su intención de darse la media vuelta y regresar para la casa. - No te atrevas a moverte. - sentencio, apuntándolo con el dedo. - O te disparare a los pies. Se queda quieto en el lugar, y lleva su cabeza para atrás lanzando un suspiro hastiado. ¿Él está harto? Yo soy el que ya está hasta la coronilla de toda esta situación y apenas vamos unos pocos días. - ¿Por cuánto tiempo más vamos a seguir hablando al respecto de este tema? ¿Para qué diablos te crees tú que te dimos la maldita bicicleta? - inquiero con fastidio al quedar frente a frente. - ¿Eres tonto, o qué? - Prefiero ir a píe. No entiendo cuál es el problema con eso. - ¿Qué parte no has entendido? - sigo, ya cabreado. - La ciudad está lejos, más si vas caminando. Si tienes ganas de caminar, da la vuelta manzana a la propiedad. - ¿Y que más te da, Astor? Si soy yo el que camina, no tú. - habla con cansancio. - En una de esas sigo caminando sin detenerme y me regreso a Corea. Se que te gustaría. Frunzo el ceño. - Te lo pondré de este modo. - digo con severidad. - Hace seis años atrás, a unos pocos metros de aquí se llevaron a uno de mis hermanos, y a un amigo muy querido. Casi los perdemos a ambos. Así que desde entonces nos cuidamos más que nunca. Me guste o no, Izan me encomendó tú cuidado. A mí me importas un comino, no te voy a mentir, pero a él sí, por lo que es lo unico que me basta. Tienes que llegar al año entero. Por lo que ve en la maldita bicicleta, no seas tan testarudo. - Vaya, mira quien lo dice. - ¿Cuál es el puto problema? - pregunto ya harto de discutir por una tontería. - ¿Es que te pincha el orgullo aceptar algo que provenga de nosotros? No te veía tan soberbio. - No, no es eso. - se apresura a responder. - No soy como tú en ese sentido. - murmura eso ultimo. Ni me voy a molestar en negarlo, o hacerme el ofendido, no cuando es verdad. - ¿Y entonces qué? Mira el tiempo que me haces perder porque estas empedernido en ir a pie. ¿Es que quieres entrenar para un maratón? ¿O que demonios pasa? - no responde, tan solo me observa en silencio, como si estuviera pensando una excusa. - Conoces cómo funciona la cosa. O hablas por las buenas, o yo te haré hablar por las malas. Y la segunda opción te dejara pesadillas. Me observa apenado por un segundo, y luego corre la mirada algo avergonzado, haciendo una mueca. Por un segundo me invade el recuerdo mi charla con Izan, y un pensamiento se me cruza por la cabeza. Y ahí comprendo que es lo que le sucede. - No sabes andar en bicicleta... - hablo, y mi voz suena en voz baja. Niega. - Nunca me enseñaron, no era necesario, ya que nunca tuve una... - susurra. Lanzo un suspiro pesado. - ¿No podías empezar por ahí? - inquiero con fastidio. Vuelva esos ojos rasgados a mí. - Supuse que te burlarías, y quería ahorrármelo. - responde. - Se que es algo básico saber andar en una. En parte tiene razón. Si soy capaz de burlarme. Pero ver esa mirada de verguenza y pena por algo tan simple como no haber aprendido a andar en bicicleta, consigue que se me vayan las ganas de reírme. - Ni se te ocurra moverte de la propiedad. - ordeno. - O te pondré una correa y te ataré a un árbol. No espero a que me responda, que comienzo a caminar, y lo dejo allí. Entro en la casa para dirigirme hacia la morada. Una vez allí, encuentro a la persona que busco en la sala de reuniones, sentado en su silla. Tiene papeles esparcidos por toda la mesa, y escribe en un anotador. - ¿Qué estás haciendo? - le pregunto a Stellan al adentrarme en la sala. - Terminando el inventario para pedir las provisiones. - responde. Alza la vista y la posa en mí. - ¿Por qué? Me maldigo por lo que estoy a punto de pedirle. ¿Quién me manda a mí a meterme en esto? - Déjalo para mañana. - digo después de un prologando silencio, en el que Stellan me observaba expectante y un tanto confundido. - Ve afuera y ayuda al niño. - ¿Qué le hiciste? - pregunta con reproche, cambiando su expresión serena por una seria. - ¿No le habrás disparado, verdad? - continúa con algo de preocupación. Frunzo en ceño. - Ve afuera, y ayúdalo con la bicicleta. - sentencio. - Que no sabe andar en una. - agrego en voz baja. Me mira sorprendido. - Está bien... - habla con voz suave, intenta disimular pero sé que está algo anodado. - No te atrevas a decir nada. - lo apunto con el dedo, tajante. - No tenía intención de hacerlo. - dice, todavía observándome extrañado. - Bien. - me doy la vuelta y sigo con mi camino. Empiezo a comprender por qué es que no le moleste que le diga "niño", si ni siquiera ha sido uno. O puede que una parte de él, quiera sentirse como si lo fuera. Y allí están de nuevo esos pensamientos, distrayéndome otra vez. ¿¡Y a mí que más me da como se sienta!? Tengo que evitarme estas cosas, tengo que enfocarme. Él no es mi problema. Siempre me mantengo indiferente con todo, no es momento de cambiar la estrategia.
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