Corremos como si fuésemos unos niños pequeños jugueteando. Colin me jala y se ríe. Solo es un paparazzi, y se ha quedado perplejo cuando, de la nada, le grite a Colin “Corre, Forrest, corre”. Creo que debería dejar de vivir viendo películas. Llegamos al hotel casi sin aliento, yo más que él. La recepcionista nos mira como si estuviésemos locos. Probablemente lo estamos. Colin envuelve mi cintura en sus brazos y me acerca a él. —Eso ha estado genial —ríe. Suelto una carcajada. —Nadie entendió nada —comento. —Tal vez debería hacer eso más seguido, cuando vea un paparazzi —bromea. Yo asiento. —Van a tener que empezar a ejercitarse si quieren atraparte. Coloca una mano en mi mentón para mirarme a los ojos. Sonrío divertida. Creo que esto va a la lista de “cosas que no sabía que quería ha

