Vuelvo a fijar mis ojos en los suyos y noto el dese bailando en ellos, al igual que en los míos. Se inclina mientras yo estiro el cuello y unimos nuestros labios. Su cuerpo me acorrala contra la roca mientras nuestras bocas se devoran. El agua parece hervir a nuestro alrededor. Me mantiene firmemente contra la roca, sus brazos afirmándose de esta para mantenerse a flote. Olvido completamente donde estamos, ya no siento el agua, las olas rozándome. Solo lo siento a él. Ayudándose con su pierna, me sube un poco, despegando sus labios de los míos y repartiendo mordiscos por mi cuello. Lo siento reírse contra mí, su aliento chocando me eriza la piel. —Estás salada —susurra con voz ronca, haciéndome estremecer de deseo. Entierro mis uñas en su espalda cuando con su nariz hace a un lado la t

