Me siento muerta cuando llegamos al hotel. De vuelta del castillo, volvimos caminando por el paseo marítimo, las vistas eran hermosas, pero ahora mis pies y piernas duelen. Me siento en el sillón de la sala y resoplo. —¿Qué tal si nos damos un chapuzón? —sugiere. Arqueo una ceja. —¿Ahora? ¿La piscina no estará cerrada? —pregunto. Se encoge de hombros. —Puedo pedir un trato especial —sonríe con malicia. Ruedo los ojos y sonrío. —De acuerdo. Me levanto y busco mi bañador. Había traído uno, ya que pretendía lanzarme al agua en algún lugar, no sabía cuál, pero lo haría. Me cambio en el baño apresurada. Saco mi toalla que llevaba para el viaje, y que ahora parecía que no necesitaría. Espero a Colin, mientras, me coloco un ligero vestido blanco que había traído para el viaje. Mi piel se ha

