Capítulo III

2523 Palabras
—Debo irme, Ainhoa está sola en casa y conociéndola hará una fiesta con todos sus amigos porque no estoy, si pasa algo llámame. Solo asintió, sabía cómo era Ainhoa y también sabía de lo que era capaz, pero por otro lado se sentía nerviosa y no quería que le dejaran sola, aquel presentimiento no la había abandonado en absoluto y justo ahora estaba demasiado nerviosa como para que su tía la dejara en manos de su padre casi inconsciente. Después de todo solo contaba con su padre quien ni siquiera podía levantarse solo de aquel sofá por ahora. —Papá, vamos a dormir... — ¡Calla, tú no tienes derecho de decirme que hacer, no eres mi hija, ni siquiera Gustavo lo es! El silencio lo abordó y el corazón de Levina dejó de latir ante aquella declaración tan fuerte. No, aquello tendría que ser una broma de mal gusto o producto del alcohol, su padre estaba enfadado con su madre y quería perjudicarla. —Lo siento Levina, tú no eres una mujer como tu madre —lloró de pena— tú eres mi niña. A continuación Levina fue abrazada por su padre pero esta solo fruncía el ceño en confusión y un temor atroz la azotó con fuerza. Manteniendo una pregunta en mente... ¿Podían ser esas palabras reales? Tembló y se negó ante aquella posibilidad su padre estaba desvariando, ella era su hija, de eso estaba segura. — ¿Qué quieres decir con que nosotros no somos tus hijos? ¿Papá? ¡Papá! Enfadada lo removió con fuerza pero Robert no se movió en absoluto, pensaba encontrar una respuesta ¡Pero él se queda dormido! Era un disparate quizás, Levina rogaba en silencio porque lo fuera. Ya no había nada que hacer, no podía cargar a su padre y subir las escaleras con él, como pudo subió sus pies al mueble y lo dejó descansar aún así si quería respuestas, Laura las tenía que dar, ya sin nada que hacer se cruzó de brazos esperando que entrara pronto por la puerta. Sus nervios no disminuyeron, se sentía al asecho. ¿Qué estaba pasando con ella y ese nerviosismo estúpido que sentía? A donde quiera que la vista clavo Torno a ver tus pupilas llamear Más no te encuentro a ti; que es tu mirada, Unos ojos, los tuyos; nada más. Levina jadeó al escuchar en su mente otra vez aquella voz recitando a Bécquer, sonaba como la voz del chico que la había llamado por teléfono, pero aquello era algo absurdo, se estaba volviendo loca, para despistar a su mente corrió a colocarse sus audífonos, esperaría a su madre para que le aclarara la situación que le había dicho su padre, se lo diría hoy mismo aunque aquella voz la abrumara la ignoraría hasta que llegara Laura quien tenía mucho que explicar. * Casi dos días habían sido el límite y por los dioses que Alek había tratado de mantenerse al margen, después del ataque contra la discoteca de Markov habían conseguido lo que querían, la reacción del hombre no se hizo esperar, Cian se había enfurecido aún más de lo que planeaban pero no era aquello lo que lo mantenía tan ensimismado, era ella.La preciosa rubia cobriza a la que había salvado, aún no tenía la menor idea del porque la había sacado de aquel lugar, Alek había querido mantener el control y negar lo obvio, si alguno de los chicos llegaba a enterarse que él había rescatado a esa mujer de la discoteca creerían que se había vuelto débil y eso no podía permitirlo, cuando sus hombres se enteraban de alguna debilidad se aprovechaban y al creerlo blando tratarían de destituirlo y él había luchado mucho por estar donde estaba, Alekséi Ivanović nunca sería endeble y menos por una mujer, iba a cobrarle aquel favor que no sería fácil de pagar, después de todo él nunca hacía nada sólo por mera gratitud. CAPÍTULO III La paciencia de Levina duró hasta la 01:30 de la madrugada, estuvo tratando de entretenerse con su móvil con la curiosidad implacable que brotaba de su cabeza, la tensión al parecer ya era parte de ella. Fastidiada trató de cerrar la ventana de la sala ya que hacía mucho frío, al mismo tiempo observaba la oscuridad de la calle, fue así que dio cuenta de que la noche estaba preciosa, siempre la había atraído pero aquella noche en particular estaba indescifrable, fría, una noche como para no estar sola y prácticamente ella lo estaba. — ¿De quién es ese auto? —Se preguntó frunciendo el ceño—, Ha de ser Laura con uno de sus amantes —habló con repulsión como si hablara con alguien más—. Acomodando un mechón de sus cabellos claros la joven observo expectante en su sitio, quería verla llegar de la mano con otro hombre para reprocharle aunque sabía bien que se estaba comportando de una forma absolutamente inmadura simplemente quería confirmar lo que ya su padre sospechaba. Minutos pasaron pero nadie salió del auto ya preocupada quiso saber a quién pertenecía o porque estaba ahí. Algo que caracterizaba a Levina Zhang era la curiosidad de saber todo lo que pasaba alrededor, pero también era bastante sagaz como para saber que una chica de 22 años delicada, despistada y cobarde no debía salir a buscar su propia muerte por andar de curiosa, prefería cerrar la ventana e ir a su habitación a acurrucarse en su cama suave. Ahora bien, la ventana no cedía y Levina ya estaba un poco nerviosa como para saber qué hacer. Aquel escalofrío nuevamente azotó contra su cuerpo siendo esta vez aún más fuerte. —Zhang, que bonita te ves nerviosa. El susurro resonó en los oídos de Levina quien tembló de miedo, casi jadeó por los nervios y el susto, se sentía tan cerca. Giró a ver quien estaba atrás de ella pero solo consiguió a su padre roncando en el mueble. ¿Estaba su mente jugando otra vez con ella? De cierta forma no lo sabía pero prefería que así fuese. —Mierda —Susurró ella agobiada—. — ¿Acaso temes? Lo mismo sucedió solo que ahora cerró los ojos y corrió a donde dormía su padre tratando de conseguir un abrazo de este, quien estaba totalmente sumido en sus sueños. Como si él fuera a protegerla en su letargo. Estaba perdida, a merced de un desconocido que ni siquiera había mostrado su rostro ante ella. ¿Dónde se encontraba y por qué jugaba con ella de aquella manera? ¿Cómo podía meterse en su mente de esa manera? Una seca risa se escuchó por la casa o al menos se coló por los oídos de la cobriza. Levina tembló una vez más en su sitió. — ¿Levina Zhang escondida bajo cobijas por la presencia espeluznante de un ser sobrenatural? —Se escuchó su voz burlona—. ¿En serio se burlaba de ella? Se mordió la lengua para no responderle con su singular sarcasmo que por lo visto ni en los peores momentos la abandonaba. Su voz no era muy alta pero se entendía todo a la perfección. Lo hacía como si quisiera ponerle los pelos de punta y por los dioses que lo estaba consiguiendo. Ella nunca había sido de las valientes y mucho menos si alguien desconocido entraba en su casa aprovechándose del prolongado sueño de su padre y de su frágil inocencia. ¿A quién se le ocurría dejar las ventanas abierta? Ella misma se había dejado caer en las manos de aquel que ni siquiera era capaz de ver. Dios, nunca he tomado un estupefaciente en mi vida, ¿realmente enloquecí? — Estás destinada a la muerte. Entonces sintió que halaban la sábana donde estaba escondida como una niña de jardín de niños. Soltó un grito al ver el cuerpo alto del hombre y corrió al otro lado de la casa, la cocina, por lo menos buscaría algo en la cocina que la pudiera proteger siquiera. —No huyas pequeña Levina, no hay escapatoria, conozco esta casa como la palma de mi mano –alardeó él-. Ella se esforzó por no gritar o lloriquear, el corazón latía desenfrenado mientras que su respiración se aceleraba más y más. — ¿Quién eres? —Preguntó aún más temerosa—. Quien la viera diría que no tenía 22 años sino 13, quizás menos. —Vengo a preverte, no me agradezcas —soltó con sorna—, como decía, me gusta cazar a mi presa y entre más huyas esto se hará más excitante para mí, eres débil y no eres lo que aparentas ¿Cierto Zhang? detrás de esa carita de ángel escondes algo sucio ¿Me equivoco? Levina no quería oír a alguien desconocido alardear de conocimientos o secretos que no poseía ¿Cómo era capaz de hacer tal veredicto? —No sé de qué estás hablando. — ¿Te atreves a negarlo? —preguntó—. La burla en su voz la hizo enfurecer tanto que ni siquiera pudo controlar su respuesta. —Calla esa boca bastardo —Se atrevió a decir o más bien a gritar—. Realmente no sabía de dónde había sacado el valor para mascullar esas palabras que seguramente la perjudicarían, cerró los ojos esperando un golpe por parte de aquel loco pero nunca llegó, en cambio oyó su risa dejándola perpleja. —Estoy seguro que has pensado en lo que te dije ¿No es así? Quieres saber porque lo dije y si es real, harías lo que fuera por saberlo. No quería escucharlo. ¿Estaba loco? Se metía a su casa para decirle aquella sarta de estupideces. —Estás rodeada de gente tan falsa...y tú. —Y yo ¿qué? —Preguntó después de un largo silencio—. —Tú estás rodeada de secretos que te mueres por descubrir pero que ni siquiera estás cerca de hacerlo. —Claro que no, yo sé absolutamente todo sobre mi familia. Tan pronto como lo dijo se arrepintió al ver la diversión en rostro de él, era algo incorpóreo además de abrumador ¿Sus ojos estaban viendo lo que realmente creía que veía? —Si, por supuesto que lo sabes —dijo él con sorna—. Ella odiaba ese timbre divertido en su voz, estaba irritándola. —Esto es aterrador —Murmuró más para sí misma que para él—. A pesar de que apenas podía ver una silueta, Levina supo que sonreía, no sabía que era esa cosa pero en definitiva le causaba escalofríos. —Pronto tendrás noticias de mi Zhang. El temor una vez más la golpeó haciéndola retroceder. —No ¡Vete, no vuelvas! —Gimoteó con la poca valentía que le quedaba—. —Quieras o no Levina, lo prometo —Juró con voz espeluznante—. — ¿Estás amenazándome? —Preguntó ella temerosa—. —Tómalo como quieras —agregó con voz sugerente alertándola—. — ¿Qué diablos eres? Las piernas de Levina aun temblaban de miedo. Era alto y demasiado pavoroso, pero por alguna razón se sentía curiosa de él y aquello era lo que más la turbaba, la extraña cercanía que sentía con ese ser intangible. —Lo único que te diré es que mi nombre es Elatha. La rubia no dio respuesta y finalmente él dio la vuelta irse. ¿Qué estaba pasando? — ¿Por qué lo haces? ¿Por qué te interesa ayudarme a descubrir los supuestos secretos de mi familia? ¿A cambio de qué? —preguntó más confundida que nunca ella—. Estaba tan presa del miedo, quería que la dejara en paz, Levina no sabía cómo es que continuaba hablando con él. —Es importante saberlo, siempre es bueno saber de dónde provenimos ¿No? A lo mejor me agrades y te deje con vida —Murmuró vivaz antes de marcharse—. ¿Es que él pretendía matarla? —Levina ¿Has llegado? —Musitó su padre desde el mueble—. Se sintió un poco más aliviada al darse cuenta de que al menos ya no estaba tan sola, suspiró audiblemente dirigiéndose donde su padre y no sintió más esa extraña presencia.¿Por qué iba a espantarle aquello si ya había visto suficiente esa noche?Soltando un suspiro se giró una vez más hasta su padre.—Voy a dormir. En su habitación pensó una y otra vez en aquel extraño tan alto e intimidante hasta que cayó en el profundo sueño. Despierta, tiemblo al mirarte: Dormida, me atrevo a verte; Por eso, alma de mi alma, Yo velo mientras tú duermes. Escuchó como un susurro que la arrulló en su estupor, aquella no era la misma voz que había escuchado de él, esta voz era dulce, algo etéreo que la hacía entrar en calma. Era oficial, había enloquecido. * — ¡¿Cómo fue que te paso eso Liv?! —Preguntó Hyo Hee—. Levina le había contado todo lo que había pasado la noche anterior con aquel desconocido y como siempre que hablaban de algo sobrenatural, Hyo Hee estaba más que encantada de hablar de ello. —No lo sé, quizás esté delirando, a lo mejor lo imaginé. O eso era lo que ella quería creer. —Es algo absurdo. Se burló la coreana a pesar que el timbre de su voz no era algo normal. — ¡Hyo Hee! ¡Despierta, esto es real no bromeo y estoy en problemas! Un desquiciado loco me puede descuartizar en cualquier lugar —Razonó Levina—. Hyo Hee entornó los ojos como si le hubiese dicho la mayor estupidez del mundo. —Estás siendo dramática y esto se debe a la presión con tu familiar, tu solo necesitas salir, conocer muchachos, ya sabes —giñó su ojo—. Levina conocía lo que Hyo Hee insinuaba y se sonrojó de sobre manera al escucharla. Hyo Hee debía estar bromeando, ella hablaba de algo serio. En ese momento Levina tomó una decisión, averiguaría lo que desconocía de su familia y si es que acaso lo volvía a ver se lo restregaría en la cara. Estaría más que feliz por ello, en ese momento solo tenía en la cabeza a ese hombre y cómo hacerlo salir de su vida, lo que Levina no sabía es que las cartas estaban echadas y para su desgracia aquel desconocido tenía un as bajo la manga. * Él entró en el lugar derribando una silla para después apartar de un empujón al chico que se atravesaba en su camino, estaba furioso consigo mismo, ¿Por qué había ido allá y no la había matado?Cerró los ojos apretando la mandíbula al recordarla, tenía que matarla lo antes posible, ella no era como otras víctimas, nunca había matado a una mujer pero él haría una excepción. — ¿Qué sucede Elatha? Preguntó su amigo al verlo tan furioso, por lo general Elatha era frío y nada alteraba sus emociones sin embargo últimamente estaba comportándose de una manera extraña, bastante sospechoso. —Nada, es mi problema, mantente al margen Darien.
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