― ¿Llamaste? ― Sara indaga sin entrar al lugar, solo finge que busca la mejor ubicación para asolearse sin sentirse incomoda. ― No responden. Lo he intentado varias veces y ya debo salir. ― ¡Carajo! ― Chilló cuando dejó caer la silla de bronceo sobre su pie, el peso del metal le lastimó considerablemente el dedo. ― ¿Está bien? ― Si ― Sollozó. La vida de Sara había cambiado tanto, que, en otra situación similar, en el pasado, se hubiera dado el lujo de llorar y sentirse débil mientras se lamentaba por el dolor. Ahora está entendiendo que su vida no es la misma y debe continuar. ― Intenta llamar una vez más. Si no lo logras deja el aparato dentro de la basura del baño, debajo de la bolsa. Yo buscaré la manera de comunicarme más tarde. Escupía las palabras con velocidad, necesitaba ha

