3. Mentiras

1762 Palabras
~ -Es el mejor dibujo que hubiera visto Zecus -dije-, me encanta esa película. Estaba sosteniendo el dibujo de Victor, detallando los detalles de sus ojos y de su vestimenta, podía sentir la alegría, de verdad estaba emocionada. -Lo hice para ti, Doctora Sirena -escuché en la oscuridad. ~ Cuando alcé la mirada del dibujo para ver a Zecus, todo se esfumó, y abrí los ojos sobresaltada encontrándome con la habitación de paredes casi blancas. Esa voz se repetía y se repetía en mi cabeza, diciendo esas palabras, se sentía tan real, estaba segura que había sido un recuerdo, podía volver a recordar de lo que se trataba mi vida, tal vez Zecus era un paciente del hospital, después de todo yo era médico, puede que estaba haciendo mi especialidad en pediatría, por eso me dio aquel dibujo, era un niño, por eso me llamaba sirena, un personaje. O no. Con la cabeza manteniendo ese pensamiento de Zecus, bajé a desayunar encontrándome a mis padres en el comedor, ellos no habían notado mi presencia, y parecían estar discutiendo algo acerca de mí porque dijeron mi nombre, así que me oculté detrás de una de las paredes para poder escucharlos. -...Bueno, tal vez si tu no la hubieras atosigado -respondió mi padre. -¿Atosigado? -replicó mi madre ofendida-, su vida brillante vuelta una perfecta mierda, todo lo volvió una perfecta mierda. -No puedes manipular su vida como a ti te parezca mejor, Débora -replicó mi padre. Silencio. Casi podía sentir la tensión entre los dos. -Prefiero manipular su vida -dijo mi madre entre dientes-, a darle la espalda y destruírsela como tú la hiciste, James. Silencio, silencio, solo el vergonzoso sonido de los cubiertos de metal chocar con los platos de porcelana. -Cuando ella lo recuerde... -No lo va a recordar -interrumpió mi madre-, y en dado caso, puede que nos perdone, esta Danna es más madura, no caerá en los mismos errores. Ahí estaba otra vez, ¿De qué errores estaba hablando? -¿Quieres decir que ella maduró estos tres meses que estuvo inconsciente en una cama de hospital? -dijo mi padre con un eje de ironía. -Se están haciendo las ocho y tengo que llevar a Danna a la terapia -dijo mi madre ignorando el comentario de mi padre-, tal vez deba dejar que duerma y que no vaya a esa terapia. En ese momento decidí entrar a la sala de comedor, mis padres parecieron cruzar una mirada, pero yo actué como si no hubiera estado escuchando todo. Mi madre comenzó a preguntarme cómo había dormido, si había soñado algo o como me sentía, preferí guardarme el secreto de lo que había soñado, pero sí mencioné que recordaba los conocimientos de medicina y eso fue al parecer lo único que les emocionó porque mi padre insistía que si iba a terapia dentro de unos meses podría comenzar a trabajar en el hospital de la ciudad. -¿No sería mejor regresar al hospital del oriente? -Pregunté-, ver si todavía la universidad me brinda esa beca de mi especialidad y residencia, podría tener la oportunidad de recordar algo más... Pude sentir como mis padres se tensaron, mi madre disimuló recogiendo su plato y el de mi padre para llevarlos a la cocina. -Puedes continuar esa especialidad aquí -comenzó mi padre-, el dinero no es problema, nosotros te lo pagaríamos, estarías cerca de nosotros que creo es lo más conveniente por tu accidente, además, era lo que querías hacer antes del accidente. Podía saber que estaba mintiéndome, o tal vez no, a este punto solo dudaba de cualquier cosa que me dijeran, Necesitaba recordar quién era verdaderamente Danna por mí misma. -Tengo el presentimiento de que mi especialidad tenía que ver con niños -dije luego de unos segundos. Mi padre no me dijo nada, solo forzó una sonrisa y se levantó de la mesa. ¨†¨ Mi madre me llevó a la clínica Flor del Este, que quedaba cerca del centro de la ciudad, ella hablaba de que solo serían dos o tres terapias, y que si no quería volver nunca más, me apoyaría. Vaya apoyo, no quería que recordara nada. -Toma, te lo compró tu padre -mi madre me entregó un teléfono celular-, la terapia dura una hora, vendré a buscarte, llámame si necesitas cualquier cosa o si simplemente ya no aguantas este lugar -miró despectivamente la sala de espera del elegante consultorio para sacar del bolsillo de su chaqueta un monedero y me lo entregó-. Ahí están tus tarjetas y dinero en efectivo en el caso de que lo necesites. Me dio un beso en la mejilla y esperó a que yo entrara a la oficina donde la puerta advertía "Psicólogo Ronald, W." Al entrar, la puerta se cerró a mi espaldas sobresaltándome un poco, un hombre anotaba unas cuantas cosas en su libreta detrás de un escritorio en una esquina de la habitación, las paredes del consultorio eran grises, tenían unas cuantas macetas con arbustos y una pequeña biblioteca con muchos libros, también había un enorme ventanal que dejaba una deslumbrante vista de la ciudad. -Doctora Danna Wester -dijo el psicólogo quitándose los lentes-, tome asiento donde guste. Aquí vamos... Sabía que todo de mi estaba siendo evaluado en todo momento, de hecho, me dijo que me sentara donde me gustara para poder estudiarme, así que simplemente decidí que él hiciera su trabajo a ver si lograba conocerme más que yo misma, caminé examinando los diferentes asientos y escogí el mueble frente al enorme ventanal para poder ver los edificios y poder distraerme un poco de la aburrida charla que me esperaba. El psicólogo Ronald tomó haciendo en una silla a mi lado derecho, él era un hombre de tez morena con un toque hindú, era interesante observarlo porque tenia rasgos muy duros en su ovalada cara, él anotó algo en su libreta y luego me brindó una pequeña sonrisa. -Tengo entendido que sufrió de un accidente que le afectó la memoria -comenzó-, no diré esas cosas aburridas de "cómo te sientes con eso" porque sé que debes sentirte confundida, frustrada y sobre todo abrumada, como si fueras una completa extraña. Me incliné un poco hacia adelante con interés, ahora sí que la conversación era interesante. Sacó unas hojas que guardaba dentro de la libreta y las observó un momento para luego mirarme con una expresión entretenida. -Le dije a tú mamá que llenara este formulario hace unos días cuando despertaste de la inconsciencia y te recomendaron venir a mi terapia -dijo-, son cosas básicas acerca de ti. Según ella, te gusta la música urbana y pop, así que... Buscó algo en las gavetas de la biblioteca, sacó un reproductor y unos audífonos. Me coloqué los audífonos y el psicólogo Ronald se sentó a mi lado guardando algo de distancia, él con sus largos dedos tocó los botones del reproductor y la explosión de sonidos llenó mis oídos de una manera perturbadora, la voz del sujeto era demasiado gruesa y sin gracia diciendo cosas sin sentido y hasta un poco obscenas, no resistí ni un poco más de esa canción y me quité los audífonos con una mueca notable en mi rostro. -No sé si a la antigua Danna le gustaba -dije-, pero a esta no le agrada en lo absoluto. El psicólogo parecía un poco entretenido de que hubiera hablado sin necesidad de que él me preguntara nada. -La chica que eras antes es la misma chica que esta aquí, solo que debes recordarlo, como ahora, al parecer no te gusta este tipo de género musical -dijo-, probemos otro. Me volví a colocar los audífonos y el psicólogo Ronald cambió a un tipo de género, en este la cantante tenía una mejor afinidad vocal, sin embargo no me agradaba, probamos con otros géneros donde verdaderamente me llegué a preguntar si a mí me gustaba escuchar música, parecía que no soportaba el ritmo de los instrumentos o las voces, lo rechazaba. Sin embargo en un momento donde ya me había dado por vencida y me preparaba para tirar la toalla dándole los audífonos al psicólogo, sonó una extraña melodía donde solo el teclado era la estrella, suave, lento, sumergiéndome a otra dimensión desconocida, los violines se juntaron y luego me perdí en la voz melancólica que la acompañaba como apenas un susurro. -Así que la música clásica -dijo el psicólogo cuando acabó la canción-, eso me dice que eres un poco introvertida, te gusta disfrutar de buenos paisajes, o incluso de buenas conversaciones interesantes, profundas, disfrutas más la soledad o alguien que entienda tu silencio... En ese momento me sobresalté cuando sonó una pesada música donde la guitarra eléctrica era acompañada con una estridente batería y unas voces rasposas que casi no se le entendía lo que hablaban, se me erizó la piel y sonreí alzando una mano para que el doctor no la detuviera, me gustaba que a pesar de que me perturbaba los oídos me hacía adentrarme en la canción con fuerza y me evitaba pensar en cualquier cosa que me abrumara, me hacía sentir viva y casi me dieron ganas de subirme a la mesa y agitar mi cabello como una completa histérica. -En ese caso -El psicólogo frunció débilmente el ceño por mi extraño gusto entre estos géneros tan diferentes-, tengo que estudiarte un poco más. Sí, yo era toda una contradicción. -Mis padres no quieren que recobre la memoria -dije-, los escuché decir que volví una mierda mi vida anterior. Además de que tomando en cuenta de que mi madre falló en mis gustos musicales, me dejaba muy claro que ella no me conocía muy bien. - ¿No has pensando que andabas realmente por caminos peligrosos? -respondió-, ¿Uno que no sea conveniente volver? Fruncí el ceño analizando sus palabras, no creo que hubiera sido una chica errática y descontrolada, es decir, era médica, estaba haciendo una especialización becada por la universidad por mi excelente promedio, confiaba en que tenía un buen juicio, a menos que estuviera haciendo cosas ilícitas como vender medicamentos a adictos o hacer abortos ilegales, ¿sería posible? -No lo sé -dije-, pero me preocupa no saber lo que hice, que hubiera dejado una vida, o incluso una familia, no lo sé. -Pronto lo sabremos -dijo-, pero también deberías preguntarle a tus padres a ver qué tienen para decir de tu antigua vida. Eso no lo había pensado, preguntarles directamente quién era yo y qué no les gustaba de mí... Si pudiera devolver el tiempo, hubiera preferido no recordar nada, nunca más.
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