Me desperté sintiendo dolor en la parte baja del abdomen y con algo lamiéndome la cara. Levanté los párpados y vi un osito de peluche gigante sobre mí. —Max, levantaté, ¡Max! —, gemí. El perro se fue a alguna parte. Levanté la manta y noté una pequeña mancha de sangre. Me levanté rápidamente y fui directo al baño. Después de un rato escuché un golpe en la puerta. —Cariño, ¿estás bien? —preguntó Sebastian, Caminé vacilantemente hacia la puerta y la abrí un poco. —Tengo que pedirte algo, yo… —. dije vacilante — Necesito tampones y… —Están en el armario —, interrumpió mientras entraba al baño, sacó varios paquetes del gabinete. — No sé cuáles usas, así que puedes elegir —, dijo. —¿Cómo lo supiste? —. Lo miré en shock. —Tengo 33 años, imagina que sé sobre la estructura del cuerpo femeni

