Capítulo 37 Punto de vista de Emily La mañana empezó con una batalla interna que parecía no tener fin. Frente al espejo, mientras me recogía el cabello en un moño desordenado, repetía en voz baja: “No lo busques, no lo mires, no lo provoques.” Y sin embargo, en lo más profundo de mí, sabía que sería imposible cumplir esas tres simples órdenes. La taza de café se enfrió en mis manos sin que me diera cuenta. Había pasado casi veinte minutos sentada en la mesa del comedor, mirando un cuaderno abierto que no había leído en absoluto. Tenía que concentrarme en mis clases, en mis proyectos, en mantener la calma. Pero cada vez que intentaba pensar en otra cosa, los recuerdos del despacho de Sebastian me asaltaban sin piedad: la manera en que se inclinó sobre mí, sus labios a un suspiro de dista

