MEJOR QUE LOS ACEITES ESENCIALES ZOE Me quedo junto a la puerta, atónita e incapaz de moverme mientras Adrián se recuesta en el sofá de cuero. —Esto no es gracioso, Adrián. Abre la maldita puerta. —Di que sí y podemos terminar con esta discusión inútil. —¿Inútil? Diría que esta ha sido la discusión más útil de mi vida. Ahora veo lo imperfecta que crees que soy. ¿Por qué insistes en esto?— Mis ojos se entrecierran hacia él mientras una sensación incómoda se instala en mi pecho. —Porque también sé que puedes afrontar un desafío como nadie más.— Su mirada penetrante se clava en mí. Debe haber algo seriamente mal en mí, porque su elogio calienta mi pecho. En mi defensa, el hábito de Adrián de dar cumplidos rivaliza con el de una osa grizzly permitiendo que alguien se acerque a sus cach

