Despierto con un dolor de cabeza infame, no sé qué hora es porque ni siquiera soy capaz de abrir los ojos ya que siento que me va a estallar. Intento moverme y me encuentro enredado entre las sábanas lo cual me lo impide pongo los ojos en blanco mentalmente porque si lo hago de verdad moriría en el intento. Me deshago de la molestosa sábana y acomodo el cuerpo del lado izquierdo retomando el sueño en esta posición extremadamente cómoda, deliciosa y confortable cuando un estruendo hace que brinque azotándome tanto en la cabeza como en los ojos. ¡Mierda, me duele! — ¡Papito miooo! – el grito de mi Sol retumba en el dormitorio y por ende en mi cabeza que parece de mentira, a estas alturas el dolor se expande por la cervical y me inmoviliza por completo — ¡despieta ya, toi baba ton

