Napoleón. El vestido de Kathryna me hace salivar, parezco un pitbull frente a un trozo de carne fresca. Estoy hecho un gruñón y pervertido además, no puedo mirarla porque deseo desvestirla o llevármela a alguna habitación, debo calmarme porque esto no es normal en mí. Pero ver los laterales de sus preciosas piernas al caminar me hace desearla más a cada instante no puedo llevármela a ningun lado ya que se encuentra atendiendo a los invitados. ¡Y yo me siento celoso y excluido! ¡Porque soy un tonto, por supuesto! — ¿Todo bien amigo mío? – observo a Logan con su doble intención tácita —. Te noto un poco incómodo – no sonríe, pero sé que se burla de mí. Gruño antes de hablarle. — ¡Deja de hacer eso! – se asombra a causa de mi rudeza, falsamente claro está. Él mejor que

