—¡¿Quién eres tú y qué haces en mi casa?! —exclamó ella. Luego de observar un poco los alrededores se dio cuenta de que no era su casa. Eso era motivo para preocuparse aún más. — ¿Qué hago aquí? —parece que de algún modo al hombre le sorprende la pregunta.
Lucy estaba muy asustada en ese momento, de repente apareció en un lugar que jamás había visto en su vida y lo primero que ve al despertar es la cara de un hombre semidesnudo sentado en una silla al lado de la cama donde ella estaba. Lo peor del caso era que estaba desnuda, al levantarse se dio cuenta de que estaba como Dios le había traído al mundo, encuerada y con un fuerte dolor de cabeza.
“Estoy desnuda —se dijo a si misma sorprendida al verse debajo de la sabana”. — ¡Maldito pervertido qué me hiciste contesta ahora o voy a gritar más fuerte!
—¿Quieres saber? —el hombre se ríe y parece hacerle gracia el hecho de que Lucy esté molesta. —El día de ayer en la noche viniste conmigo a mi departamento, ósea aquí y tuvimos el mejor sexo salvaje que jamás había tenido, parece que estabas tan hambrienta de sexo que te volviste loca en la cama, pero fue estupendo. La cantidad de posiciones que te hice hacer fueron magnificas.
—¿Me violaste?... —no era precisamente lo que Lucy pensaba escuchar. Pensaba cosas como “Oh por Dios”, “¿A quién se le ocurre decir cosas como esas?”.
—¿Violar? —se vuelve a reír. —No seas pendeja ni que quisiera ir a prisión, tú misma viniste a mí en la fiesta y me entregaste tus nalgas personalmente.
—¡Seguramente estaba ebria maldito estúpido de mierda! ¡Degenerado y soberano hijo de tú puta madre!
—Ya bájale con los insultos —se levanta y se acomoda el paquete mientras que Lucy intenta mantener la mirada en alguna parte de su cuerpo donde en vez de verlo lujuriosamente le pueda odiar. —¿Me culpas a mí? Estabas en medio de una fiesta porno semidesnuda y ebria con ganas de coger, deberías culpar a tus hormonas.
—Maldi... —y fue ahí cuando reaccionó, se dio cuenta de que lo que había pasado técnicamente no era ilegal. Estaban en una fiesta legal que incita a ese tipo de acciones y encuentros entre personas. Literalmente se había dejado follar y ni lo había podido disfrutar, en ese momento se creyó toda una estúpida.
—No te pongas así, usé condón —le leyó la mente, ella no quería tener hijos con un desconocido y mucho menos adquirir alguna enfermedad. —Así que estarás bien tampoco estoy enfermo ni nada —luego de eso se dirigió hasta el refrigerador.
—¿En serio crees que es lo que me preocupa? —ella se levanta de la cama y se envuelve con la sábana mirando a los lados a ver si encuentra su ropa. —Puedo demandarte.
—Podrías, pero no daría resultado, ¿Qué dirías? “Me violaron por estar en una fiesta porno semidesnuda, ebria y acosando a un actor porno” —lo dice de forma burlona y sarcástica.
—Acosan... ¿Actor porno? —esas palabras le causaban temblor en los huesos.
—Es correcto, es de lo que vivo —lo dice orgulloso, saca una botella de agua y bebe un poco de líquido. Lucy creía que ya jamás podría volver a la iglesia después de lo sucedido.
—Definitivamente eres un idiota, el hecho de que seas un actor porno no significa que te tengas que coger a todas las mujeres que se te lancen encima —ella intenta defender su punto de vista, pero no recuerda nada de lo ocurrido la noche pasada.
—Pero es lo que hago para vivir —se recuesta al desayunador.
—Vaya vida pedazo de idiota —ella voltea la mirada y sin querer observa un pequeño estante lleno de libros. Le pareció algo curioso de ver considerando que parece alguien que debe tener más músculos que cerebro.
—¿Quieres algo para tomar? —le ofrece tan tranquilamente que Lucy se irrita, es como si estuviese tratando con una chica cualquiera que contrató por placer.
—Quiero mi ropa para irme —le clava la mirada de nuevo.
—¿Ropa? —pregunta él. —Nada más tenías unas bragas cuando te vi y ni siquiera sé dónde estarán.
—No puede ser posible —para emparejar las cosas no había ropa que pudiese ponerse, esta vez sentía que las cosas no podían ir peor.
—Puedo prestarte algunas prendas de una amiga así al menos podrás ir a tú casa sin enseñar ese trasero hueso.
—¿Huesudo dices? —jamás se había sentido tan identificada y molesta con un par de palabras tan simples. —¡Qué bien, me coges y me insultas después!... que poco hombre.
—Por cierto, deberías usar más los labios y no los dientes cuando des una mamada, ayer casi me lo desprendes —inmediatamente se sonroja y él se ríe con los labios cerrados.
—¡¿Podrías callarte?! ¿No ves lo mal que estoy? Lo hice con un extraño y ni siquiera lo recuerdo.
—Ayer lo disfrutabas mucho.
—No es lo que pienso hoy —él se acerca a su closet y rebusca algunas cosas.
—Ten ponte eso, así podrás llegar a casa —Lucy coge las prendas que el lanzó a la cama y las estira para verlas mejor.
—¿Me estás jodiendo? —vuelve a verle. —Es una mini falda, una tanga y un brasier.
—No tengo nada más —se encoje de hombros.
—De paso eres idiota, ya que lo que sea por salir rápido de aquí. Al menos podrías llamarme un taxi o llevarme a casa, no quiero que me vean así en la calle.
—¿Tengo cara de ser caballeroso? —Lucy se le quedó viendo y aunque tiene un par de cosas que comentar prefiere no decirle y guardarse los insultos para maldecirlo cuando esté en su departamento. —Además paga tus propias cosas, tú viniste por tú propia elección.
—¿Sabes qué? Eres una basura, por hombres como tú hay mujeres solteras en el mundo, y para que lo sepas no es sexi que seas así, actúas como un estúpido y eso eres.
Ella estaba tan molesta que se puso las prendas y salió del departamento azotando la puerta, no llevaba suficiente para pagar un taxi o autobús y acaparaba las miradas de todos en la calle. Se sentía como una golfa a la que envían a casa al día siguiente luego de haber trabajado. Lo peor del caso era que debía ir a trabajar, llegar a casa y quedarse a dormir no era una opción cuando en la universidad le exigen dar clases y literalmente vive de eso, un día de descanso por “Sexo con un extraño el día anterior” no suena como algo creíble para pedirse el día.
—¿En serio te pasó eso? —parece que los confiables colegas de Lucy no pueden creer tan descabellada historia, aunque es más simple de lo que parece.
—Ya te dije que no lo recuerdo Sonia, no comprendo nada —Lucy se queda viendo la taza de café y piensa que es demasiado pequeña para ella. Necesitará al menos dos galones para aguantar la resaca
—Yo te veía muy alegre en la fiesta —comenta Sajir.
—Eran los efectos del alcohol idiota —le clava una mirada fría como tempano de hielo.
—Pues yo si me divertí anoche con el tipo que me saco a bailar —dice Sonia, pero la sonrisilla que lleva desde que llego al trabajo le decía que lo había pasado bien. —Tal vez tú también te divertiste, pero no te diste cuenta.
—Es horrible no poder recordar nada.
—Tranquila, no es algo que volverá a pasar.
—¿Y si salgo embarazada de un extraño? —le preocupaba que el idiota no hubiese usado condón.
—Cálmate, en la fiesta regalaban condones a todos, había hasta en las bebidas nadie se atrevería a ir a una de esas fiestas sin usarlos con desconocidos, y si es un actor porno como dices seguramente supo cómo hacerlo.
—Ni me lo recuerdes —se tapa los oídos para no escuchar más de sus tonterías de sexo. —Ya no me invites a ese tipo de eventos, lo único que conseguí fue darle mis nalgas a un desconocido y ni lo disfruté por andar ebria.
El día había sido una mierda para Lucy, la resaca le impidió dar bien sus clases y los alumnos se habían comportado fatal así que literalmente se podría decir que era su peor día del año junto con el hecho de haber sido casi violada o mejor dicho lo fue.
“El día solo me ofreció mierda para consolarme después de todo lo que ha pasado —se dice a sí misma”. Al salir un chico alto con gafas le esperaba sentado en las bancas de afuera de la universidad y se levantó para acercarse a ella.
—No me has dicho tu nombre —ella reconoció la voz de inmediato.
—¿Tú otra vez? —se coló por su lado derecho para seguir caminando, pero este le seguía por detrás.
—Esto es acoso y si puede ser penalizado por la ley —le dice Lucy.
—Solo quiero saber tú nombre, además quería ver si estabas bien odiaría ver en las noticias que te suicidaste.
“¿Por quién demonios me toma este sujeto? ¿Por una desequilibrada mental?” —piensa ella”. —Como si fuese tan idiota para hacer eso.
—Vamos, solo quiero invitarte a tomar un café se nota lo cansada que estás, te sentará bien.
—¡No quiero nada más contigo! —exclama.
—¿No quieres ver las fotos que te tomé?
—¿Fotos? —en ese momento se detiene y voltea a verlo. “¿Sera que quiere presumir? —piensa ella”. — ¡Muéstrame! —le ordena.
—Pero me prometes que saldrás conmigo —ella lo ve a la cara, pero no le transmite confianza.
—Ni loca eso no va a pasar pervertido —niega con la cabeza.
—Entonces me quedo con las fotos, seguramente tu jefe pagaría bien por ellas —se guarda el celular en el bolsillo.
—¿Bromeas? —dice Lucy. “Parece que mis opciones son limitadas —pensó”. —Está bien, pero enséñame las fotos —él sacó su celular y le mostró algunas fotos donde salía ella en su cama arropada y durmiendo, en ningún momento hacían nada.
—¿Es todo? —ella aun desconfía, le parece que él dirá que guardó lo mejor para el final.
—Es todo, en realidad no hicimos nada solo quería ver cómo reaccionabas —Lucy se le queda viendo, pero él ni se ríe ni nada así que parece serio y seguramente dice la verdad.
—Pero tú dijiste que...
—Estabas súper ebria y vomitada —le interrumpe. —Soy actor porno no un cerdo, además no sería divertido si no estás sobria.
—Pero estaba desnuda, y en tú casa.
—Estabas desnuda porque tus bragas estaban mojadas por entrar a la piscina del hotel así que te las quitaste y sabrá Dios dónde las dejaste, y te llevé a casa porque no encontré a tus compañeros y estabas completamente sola, parecía tu primera vez y estabas confundida, me diste lástima.
—Entonces no pasó nada —el corazón de Lucy consigue la paz en ese momento.
—Nada de nada —niega con la cabeza.
—¡Gracias Dios! —junta las manos y cierra los ojos. —Sabía que no me ibas a abandonar.
—Eso no significa que no vaya a pasar nada, y aún me debes una cita.
—No lo creo —le dice.
—Yo creo en tu palabra, ayer te salvé es lo menos que puedes hacer.
—¿Cómo me conseguiste? —le cambia la conversación para que no insista en lo de la cita.
—Había revisado tu bolso y vi tu dirección y el trabajo.
—Ladrón —en ese momento piensa que él simplemente no la llevó a casa porque no le dio la gana, ya que de haber revisado su bolso seguro había visto la dirección de su departamento.
—Como si se te hubiese perdido algo.
—Como sea —se cruza de brazos.
—Mi nombre es Jonathan Gryder, y soy tu Playboy.